Te escribo para hablarte sobre un problema que “te quita el sueño”, en sentido literal, puede que notes que de unas semanas o unos meses para acá no duermes como antes y por si fuera poco la poca cantidad de sueño, no “te alimenta” lo suficiente. Puede incluso que te levantes peor aún, con dolores de cabeza y en el cuerpo.
Este mal que te acompaña puede deberse a diversas situaciones estresantes, como son; problemas en el trabajo, con tu pareja, presión de la familia, pérdidas importantes o algún acontecimiento traumático donde sentiste que perdías el control de tu vida.
Este fenómeno puede manifestarse de distintas maneras; Quizá te acuestas y comienzas a dar vueltas a los pensamientos como una centrifugadora, poniéndote de los nervios y no te relajas lo suficiente para dormir; Puede que te duermas bien al principio, pero en mitad de la noche te despiertes y no haya manera posible de volver a dormirte; O bien, podría ser que durmieses durante toda la noche, pero sistemáticamente te despiertas antes de lo deseado y te pones a mirar el reloj o el móvil para ver la hora que es, esperando a que suene el despertador.
Hay personas en tu situación que han probado varios remedios y no le han surtido efecto, en parte porque son los pensamientos con su poder sobre las emociones los responsables de “encenderte” durante la noche.
Llega un punto en tu día a día en que el simple hecho de irte a la cama, te hace temblar de temor a que vuelva a suceder otra vez lo mismo.
En cualquier caso, puedes contar conmigo para tratar este problema desde la psicología y buscar una solución eficaz.
Cuando estar rodeado de personas se vuelve una pesadilla.
Estimada persona;
Hoy quiero escribirte para hablarte sobre ese inconveniente que vives desde hace más de medio año, al principio pensaste que se trataba simplemente de timidez, pero la situación iba cada vez a más. Pues poco a poco comenzaste a evitar las relaciones y las situaciones sociales hasta el punto que se convirtieron en una pesadilla para ti. Cada vez te resultaban más difíciles, te daban más miedo y más ansiedad, hasta que decidiste guardar las distancias para no sufrir. Pero en un mundo con sobrepoblación, ¿quién puede vivir al margen de las demás personas?
El detonante de todo esto puede ser muy diverso; Quizá desde la infancia te resultó difícil, pues alguna diferencia a la mayoría hizo que los demás niños te acosaran en el colegio, en el instituto, o te costaba horrores integrarte y en la universidad no cambió mucho la cosa; Puede que un determinado accidente o una enfermedad te privase de tu belleza original, o al menos eso piensas; Puede que tengas algún compañero en el trabajo que te haya hecho revivir los peores momentos de tu infancia y no quieres volver a pasar por lo mismo; Puede que pertenezcas a otro grupo étnico, orientación sexual, identidad de género, procedencia o religión diferente a la mayoría y has sufrido un severo rechazo por ello. En fin, múltiples causas, misma consecuencia, tu situación la conoces tú mejor que yo.
Puede que no evites del todo las relaciones sociales o las reuniones, pero no por ello lo pasas mejor. Quizá temes actuar de cierta manera ante los demás por miedo a que te valoren desfavorablemente y eso pueda derivar en rechazo. Puede que alguien tóxico te haya humillado en tu círculo o te haya tratado mal y no quieras volver a pasar por lo mismo. O simplemente sientes una vergüenza atroz a que te vean comer o beber en público por miedo a las críticas. Temes entablar conversación con un extraño y que eso derive en una crítica a tu persona. Incluso en el peor de los casos, mirar a la cara y sostener la mirada a otros, ya te pone de los nervios.
La evasión social es un pozo sin fondo, puede que evites tener amigos, pareja o tener relaciones sexuales por miedo a la crítica o la desaprobación.
No puedes seguir condicionando tu conducta, tu manera de vestir y de hablar con los demás, tienes derecho a ser libre haciendo la vida que te mereces. Y lo que otros opinen, para ellos queda. Cuenta con mi ayuda para poner fin a esta historia y tener una vida social más satisfactoria.
Quiero hablarte sobre un problemilla que puede que te acompañe desde hace unos meses o incluso toda la vida. Me vengo a referir a ese miedo atroz que sientes cuando ves la sangre, las inyecciones, estás en las alturas, ves a algunos animales, te montas en ciertos medios de transporte, o estás en lugares cerrados, entre otros.
Puede que te diferencies de los demás en esto, porque no forma parte de los miedos, creencias, y costumbres de tu entorno. Es más, podría ser el caso, que el simple hecho de oír hablar sobre estos temas, verlo en la tele o leer sobre ellos haga que tu cuerpo manifieste un potente malestar.
Quizá consideres que no es nada racional tenerle miedo a algo de todo esto, pero cuando te encuentras en estas situaciones, con estos objetos o animales, tu cuerpo comienza a temblar, aparecen sudores fríos, los pensamientos se agolpan en la cabeza, te puedes llegar a marear e incluso puedes sentirte tan vulnerable que puedes desmayarte.
Por eso, habitualmente evitas las situaciones donde puedas encontrarte con todo esto que tanto te atemoriza, pero desafortunadamente no te ha sido posible y ha comenzado a impedirte vivir plenamente tu día a día.
En cualquier caso, no quiero que pienses que te falta coraje por ello, todo el mundo tiene miedos o fobias como estas, pero dependerá del contexto y del grado de temor lo que exacerbe el malestar. Volviéndose en muchos casos muy severo.
Puedes contar conmigo para superar ese temor, conozco técnicas muy poderosas que pueden ayudarte a llevar una vida con menos miedo y ansiedad.
En primer lugar, no quiero que te preocupes o te alarmes demasiado por esta carta, pero creo que es necesario que por fin seas consciente de lo que realmente te ocurre desde hace tiempo.
Posiblemente desde siempre has sido una persona muy insegura, por sobreprotección por parte de tu familia de origen, porque ellos también eran miedosos o bien porque no te protegieron lo suficiente y aprendiste que el mundo era peligroso al no sentir esa seguridad que se da por sentada. Puede que te haya ocurrido un incidente a ti o a alguien muy importante de tu entorno que ha disparado todo esto desde unos meses para acá.
Me estoy refiriendo a tu preocupación excesiva por padecer una enfermedad grave, como puede ser un cáncer, contagiarte del VIH, vivir un brote psicótico o en los tiempos que corren, contagiarte por COVID-19
Tienes tanto miedo a padecer una enfermedad que por más que te haces pruebas, visitas a médicos y estos te dicen que gozas de plena salud, no acabas de sentir la tranquilidad que necesitas, pues presientes que una grave enfermedad te va a ocurrir. Por eso puedes te medir constantemente tus constantes vitales a lo largo del día. Controlas demasiado lo que comes, o el estilo de vida de tu familia, miras en Internet todos los términos médicos y psiquiátricos que no entiendes, obteniendo siempre el mismo resultado: ponerte en lo peor, esto te pone de los nervios, te preocupas y el estado de taquicardia lo malinterpretas como infarto, cuando en realidad un aumento de la tasa cardiaca fruto de tu preocupación excesiva.
Puede que ya hayas sufrido varios ataques de pánico por este motivo. Tras ver las noticias, quizá te laves las manos mil veces o que hayas dejado de frecuentar ciertos lugares por miedo a contagiarte por una enfermedad vírica.
En segundo lugar, tu familia, amistades, compañeros y jefes están hartos de este comportamiento tuyo tan obsesivo que les pone de mal humor por el exceso de control. Quizá ya se han resentido esas relaciones o no rindas en tus tareas por pensar todo el rato en esto mismo.
En cualquier caso, te puedo ofrecer una solución eficaz para que puedas volver a tener una vida plena y sin tantas preocupaciones. No dudes en contactar conmigo.
Esta festividad hace protagonistas a la diversión, el desenfado y la alegría. Más allá de esta jovial tradición, podemos mirar los beneficios a nivel psicológico que nos puede aportar su celebración, tanto en familia como con amigos.
¿Cuál es el origen de los carnavales?
En realidad son fiestas paganas ancestrales del invierno en homenaje a ciertos dioses, se celebraban desde la antigüedad en lugares tan dispares como los Andes, Escandinavia, Sumeria o Egipto. En lo que nosotros nos respecta, nos llegó de la mano de los griegos y los romanos. Lo que comenzó siendo una fiesta en homenaje a Baco (Dionisos), deidad del vino, acabó siendo asimilada por el cristianismo como la cuaresma, los 40 días antes de la Semana Santa.
En los carnavales se mezclan los disfraces, los desfiles, las coplas grupales y muchas festividades por la calle. El nexo en común de todas las celebraciones en todos los lugares, es la desinhibición y unos límites un tanto difusos.
En sus inicios con sentido religioso, ese “descontrol”, generaba cierta vergüenza que se aliviaba a través del anonimato, para ello nadie quería ser reconocido en su localidad por su comportamiento tan burlón. Por ese motivo se comenzó a usar disfraces y máscaras, una costumbre que ha perdurado hasta nuestros días.
Pero, ¿podemos sacar algún beneficio psicológico de celebrar Carnavales?
Más allá del significado que para persona pueda suponer esta festividad, realizar ciertas conductas que habitualmente no se suelen hacer, reportan una ganancia. El motivo es que se trata de un contexto donde están mejor vistos ciertos comportamientos que la gente en su día a día suele evitar y es esta evitación la que lleva a reforzar la vergüenza o la falta de comunicación de las personas. Por esta razón, algunos de los beneficios son los siguientes:
La superación de la vergüenza: El poder disfrazarte de algo gracioso, reírse de uno mismo y plantarle cara al pudor, ayuda a exponerse a los comportamientos que se suelen evitar por miedo a las críticas o la desaprobación de los demás. Al contrario, un buen disfraz muy original, está bien visto. De últimas, el anonimato los disfraces o las máscaras permiten poder actuar al gusto de cada cual. ¡Saca tu lado más jocoso!
Desarrollo de la creatividad: Elaborar tu propio disfraz, fabricar una máscara casera, maquillarte, aprenderte la letra de una chirigota, desfilar con una peña en una murga. Estás y más posibilidades no solo ayudan a la expresión artística interna de la persona, sino que además potencia la imaginación y la habilidad creativa.
Reunirse con el círculo social: No te encierres en casa a verlos por la tele, no se crearon para eso. Realmente se le saca el máximo partido compartiendo con la familia y los amigos, reuniéndose para disfrazarse, comer, contar chistes, bailar o gastar bromas (¡por favor, pesadas no!).
Adquisición de cultura: En estas fechas es muy habitual la representación de obras de teatro que no están disponibles en otros momentos del año, por lo tanto es una considerable fuente cultural. Por otra parte, las coplas son pura poesía y las letras de las canciones en general hacen la misma función que la literatura satírica, donde se critica las faltas de la sociedad y ayuda a tener un pensamiento más crítico.
Toma de decisiones: Al ser una fiesta tan libre, cada uno decide como celebrarla, con lo cual, es una forma de potenciar la propia autonomía.
Búsqueda de sensaciones: Los másextrovertidos buscan estimulación, como reunirse con mucha gente, con música alta y poder reírse a carcajadas. Esto ayuda a la gente a ser más abierta y a fortalecer los vínculos con las personas del entorno. Si eres más bien una persona introvertida, ¿qué tal hacer una fiesta en casa con amigos para tomar algo, comer, disfrazarse, echar alguna partida a algún juego o ver una peli de risa?
Cubrir necesidad emocional de espontaneidad y juego: Disfrazarse divertido o desenfadado, actuar en el desfile u otro tipo de participaciones, ayuda a la gente a ser más sencilla, lúdica, a relajarse y a sacar a su lado de niño más saludable.
Para escribir este artículo me he basado en fuentes de internet, los beneficios son muy similares a los de otras festividades, como las Navidades o Halloween. Solo diré que los años pasan y solo nos llevamos lo vivido. ¡Feliz Carnaval!
Afrodita (Venus) y Eros (Cupido), dioses de la mitología griega del amor, la atracción y el sexo.
Estamos en San Valentín, un día donde el amor y el sexo están muy presentes. Pero que la gente lo practique no significa que lo conozca bien a fondo. De hecho, los prejuicios, el folclore, los chistes verdes y las comedias nos hacen creer mentiras que repetidas una y otra vez acaban pareciendo una verdad. Naturalmente, este artículo es para adultos y supongo que nadie se va a escandalizar en pleno XXI.
Mitos sobre la sexualidad masculina:
El hombre pierde la potencia sexual entre los 40 y los 50. Esto es como el ejercicio físico, quien se mantiene activo, sigue estando en forma en edades avanzadas.
La masturbación es cosa de hombres. Puede que antiguamente hubiese mucho tabú con esta práctica, pero lo cierto es que a las chicas también les gusta masturbarse. Otros aspectos a aclarar es que la masturbación no produce acné, no reduce potencia sexual, ni tampoco es algo “guarro.”
El hombre siempre está disponible. Este mito muchas veces genera que el hombre tenga relaciones sexuales, aún sin ganas, provocando así encuentros frustrados. El hombre también puede tener falta de deseo sexual.
El hombre de edad avanzada no tiene erección. No tiene por qué perderse el deseo con la edad, ni la erección, lo que sí es cierto es que se requiere más estimulación para llegar al orgasmo en una avanzada edad. Pero muchas veces los problemas de erección se pueden producir por ciertas enfermedades que vienen con la edad, como la Diabetes tipo II o son fruto de los efectos secundarios de alguna medicación. ¿Quién no toma ninguna pastilla a los 70?
La “impotencia” significa pérdida de la virilidad. En primer lugar el término es impreciso porque engloba distintas disfunciones sexuales, en segundo lugar, el origen de estas disfunciones es diverso, nada tiene que ver con la masculinidad o la capacidad de dar placer a la pareja. De últimas, ¿cómo se mide la virilidad o la feminidad?
El pene, cuanto más grande, mejor. La satisfacción sexual de la pareja no se encuentra afectada por el tamaño de pene. Creer que un hombre es más potente que otro por el hecho de tener centímetros de más, no tiene ningún fundamento científico. Curiosamente, y aunque parezca mentira, muchas mujeres comparten con los hombres estas ideas erróneas. Por cierto, la media a nivel mundial es de 12,5 cm en erección. Una vez llegada la erección los penes son muy parecidos, a diferencia que en reposo donde hay más diversidad. Por último, el tamaño depende más de las características físicas y del desarrollo del sujeto que del grupo étnico.
A los hombres que les gusta la estimulación anal, son gays. La zona anal es una zona erógena, que no hace diferencia entre hombres y mujeres. Esta zona puede ser la preferida de un hombre y esto no indicar homosexualidad en absoluto. Muchos hombres reprimen o ignoran el placer sentido en esta zona por miedo al qué dirán, “a perder la masculinidad”, o a que les juzgue su pareja. Curiosamente en el contexto LGTB hacer de pasivo (ser penetrado) aún sigue siendo un estigma para algunos.
Mitos sobre la sexualidad femenina:
La mujer no necesita descargar sus necesidades sexuales como le pasa al hombre. Este mito además de sexista pone muchas trabas a las mujeres que quieren disfrutar de su sexualidad haciéndoles ver que “lo suyo no es normal.” Cuando una mujer pierde el deseo se puede deber a muchos factores (depresión, problemas de pareja, problemas en las relaciones sexuales, etc), pero la inapetencia no es una condición habitual en las chicas.
Si la mujer no disfruta durante el sexo, es culpa del hombre. Nada más lejos, lo ideal es que la chica conozca sus zonas de placer y luego compartirlo con su pareja, sobre todo para asesorarle como le gusta ser estimulada. Por supuesto, no todo en el sexo se reduce a la penetración.
Hay dos tipos de orgasmos, uno vaginal y otro clitorial. Inclusive en aquellas mujeres que dicen que sólo logran el orgasmo con la penetración, se sorprenderían si supieran que lo obtienen porque el pene roza la entrada de la vagina y da pequeños golpes con el hueso púbico y los testículos en la zona de la vulva. Esto quiere decir, que se excita el clítoris de muchas maneras, porque se encuentran en él los cuerpos cavernosos (igual que en el pene) que se llenan de sangre con la excitación y el roce. Todo lo que «siente» la vagina, lo siente porque «se lo presta» el clítoris, que rodea la entrada del conducto vaginal.
La vida sexual de la mujer termina con la menopausia. Reducir el sexo a la reproducción es como reducir la gastronomía a la alimentación. Hay un 30% de mujeres que mejoran su vida sexual tras la menopausia, en parte, no tener que preocuparse del embarazo es un plus añadido. A diferencia de otras especies la nuestra no tiene épocas de celo, ni pierde el deseo sexual por completo a lo largo del ciclo vital.
Si la mujer no tiene himen, es señal de que no es virgen. La ausencia de himen en una mujer no significa necesariamente que ésta no sea virgen. El himen es un pliegue de mucosa, piel y tejido fibroso situado en el conducto vaginal. Éste puede estar ausente, ser pequeño, delgado y flexible o, raramente, duro y denso, cubriendo completamente el conducto vaginal, en cuyo caso habría que intervenirlo quirúrgicamente pues ni siquiera la menstruación puede traspasarlo. Tiene por tanto muchas formas, y excepto en raras anomalías es traspasable por el fluido vaginal, incluso por algo mayor como puede ser el pene, llegando a no romperse hasta que la mujer da a luz.
Mitos del sexo heterosexual:
Para que el sexo sea pleno, el hombre y la mujer tienen que llegar al orgasmo a la vez. En realidad cada persona tiene su ritmo, la respuesta sexual de la mujer tiene pequeñas variaciones con respecto a la del hombre (falta de período refractario y posibilidad de más de un orgasmo en algunos casos). Y por supuesto, el sexo puede ser muy satisfactorio sin que los dos lleguen a la vez, incluso siguiendo turnos distintos.
Si él o ella se masturban es porque su pareja no les satisface. En realidad es la satisfacción de una necesidad más, tener pareja no significa que los miembros pierdan el hábito de masturbarse, es más, muchas veces las relaciones sexuales de pareja incluyen la masturbación recíproca en los preliminares, o durante la fase de llegada al orgasmo.
Mitos del sexo LGTBIQ+:
La vida sexual de las lesbianas no es plena porque la mujer solo puede llegar al orgasmo al ser penetrada. Ya se ha hablado sobre el clítoris como órgano del placer, es como el glande de los hombres, por eso la mujer no necesita la penetración para llegar al orgasmo.
En las parejas homosexuales uno hace de hombre y otro de mujer. Pensar esto es reducirlo al modelo heterosexual imperante en las parejas. Aquí se mezclan dos cosas: Los roles de género, donde la persona tiene comportamientos típicamente masculinos, femeninos o andróginos. No todas las parejas de gays o lesbianas se configuran con personas de roles de género diferentes; Por otra parte, el rol sexual en los gays, donde uno hace de activo (penetrador) y otro de pasivo (penetrado), lo más habitual en las parejas de larga duración es que ambos sean versátiles y vayan cambiando de rol según les apetezca ese día. Si te gusta lo dulce y lo salado, ¿qué te apetece merendar hoy?
La bisexualidad no existe. Hay personas que sienten atracción sexual y amorosa tanto por hombres como por mujeres, para tener sexo y para tener una relación de pareja. Eso no significa que no haya temporadas donde un sexo atraiga más que el otro o que te tengan que gustar ambos sexos 50-50. Ni tampoco que necesiten dos parejas o que su sexualidad no esté completa con una pareja del mismo sexo o del sexo opuesto. Tampoco es cierto que un bisexual sea un gay reprimido, pues ellos o ellas sí sienten amor o atracción por el sexo opuesto, no se han “metido en el armario” de nuevo.
La transexualidad es una patología. Desgraciadamente esta parte del colectivo siguen pasando por lo mismo que el resto en décadas anteriores. La conciencia es algo complejo de entender. En el caso de la transexualidad, el género (sentirse hombre o mujer) no coincide con el sexo cromosómico (XX o XY). Hay otros mitos frecuentes, como que todos los transexuales quieran una reasignación de genitales, o que les tengan que atraer a la fuerza personas del mismo sexo cromosómico.
“O te gustan los machos o te gustan las hembras”. Esto además de ser un pensamiento dicotómico que todo lo ve en blanco o negro, pasa por alto no solo la bisexualidad, sino que la pansexualidad también queda ignorada. Esto es la atracción hacia cualquier persona, independientemente de su sexo o su identidad de género.
Los LGTBIQ+ están obsesionados con el sexo. Esto depende de la forma de ser de cada uno, hay personas heterosexuales muy obsesionadas con este tema, lo que ocurre es que popularmente está más «bien visto» e incluso «permitido», mientras que uno pasa a ser “el machote, “un Don Juan” o “un mujeriego”, a los otros los tachan de “promiscuos.”
El sexo en general:
La penetración anal duele. Si quien penetra “va a lo loco” sí, en cambio, si el ano se va estimulando progresivamente y se emplea geles lubricantes, no tiene por qué ser doloroso. La introducción debe ser progresiva y la pareja debe ir aclimatándose a su ritmo. La tensión y el nerviosismo tampoco ayudan.
Para que una relación sexual sea buena, ambas personas han de llegar al orgasmo. En realidad dos personas pueden disfrutar plenamente de una relación sexual aunque uno o ambos no lleguen al orgasmo. Simplemente disfrutan de compartir placer y cariño con la pareja. Otra cosa muy distinta es no llegar al orgasmo sistemáticamente.
Unas copillas calientan a la pareja, quitan la timidez y mejora el rendimiento. Lo que sí es real es que el alcohol “suelta” a la gente, deprime la actividad del lóbulo frontal del cerebro, que es el encargado del autocontrol y por eso al tomar unas copas, la persona se desinhibe. Sin embargo, el exceso de alcohol puede producir eyaculación retardada en algunos hombres, sobre todo por dificultad para alcanzar el orgasmo.
Espero que muchos mitos se hayan desvanecido tras leer el artículo, ya sabes, ¡déjate de cuentos y disfruta del sexo! Si no tienes pareja, búscate un amigo o una amiga y usa protección, y si la tienes hazlo con mucho cariño. ¡Feliz San Valentín!
Desde hace mucho las preocupaciones han formado parte de tu día a día, aunque los demás te dicen que “no es para tanto” o “que te preocupas por nada”, para ti no es ninguna tontería, temes que si no estás alerta algo malo podría suceder, por eso no puedes relajarte.
Todas esas preocupaciones vuelven una y otra vez a tu cabeza, te ponen de los nervios, no te dejan dormir por eso, te fatigas, sudas mucho, estás a la que saltas, te duele la cabeza, el estómago, tienes nauseas a veces, vas mucho al baño y tu relación con la comida puede ser complicada; o bien porque cuando tienes mucho estrés comes demasiado, o por el contrario, pierdes el apetito.
La cosa no queda ahí, te cuesta horrores tomar decisiones, en parte porque temes cometer algún error grave y no haya vuelta atrás. Por ese motivo muchas veces cambia los planes una y otra vez para evitar “posibles catástrofes.”
Piensas que los demás son muy despreocupados por hacer las cosas “al tun-tun”, pues para ti esto es imposible, la incertidumbre te aterra hasta tal punto que no puedes tomarte un respiro, relajarte o poner la mente en blanco. Por esto a veces te tachan de pesimista.
Si esta carta describe tu situación desde hace más de medio año, no dudes en ponerte en contacto conmigo para tener una vida más calmada.
La semana pasada vimos que una persona tóxica es aquella que así empeora el estado de ánimode los demás, deteriora su autoestima, puede producir heridas emocionales en otras personas (en casos severos) hacer a otras personas vulnerables pudiendo padecer un trastorno psicológico, o una vez que el trastorno ha aparecido, estas personas pueden ser factores de mantenimiento de la patología. Las clasificamos en tres categorías según el nivel de toxicidad y describimos las dos primeras.
Si no lo leíste, puedes pinchar en este link para comprender mejor lo que viene a continuación. Esta semana veremos cómo son las personas de toxicidad leve y cómo podemos hacerles frete a las personas tóxicas de las tres categorías.
Toxicidad leve
A diferencia de los otros dos apartados donde el daño a los demás era intencionado o los rasgos de personalidad eran tan dañinos como molestos, en este caso estas personas actúan ignorantemente pensando que lo hacen por el bien de los demás, sin ser consciente que les perjudican. Por otra parte, sus rasgos de personalidad son aparentemente dulces, pero en exceso acaban minando el estado de ánimo de los demás, la autonomía o la libertad.
Pegajosos: Estas “personas lapa” se aferran a sus víctimas, les agobian y les ahogan estando muy encima. Son excesivamente atentos, cariñosos y hacen muchos regalos. Los demás tienden a evitarles, esto lleva a que se vuelvan más pegajosos aún. Habitualmente son personas que combaten de esta manera el miedo al abandono, pueden tener pocas habilidades para ligar y atosigan a la persona que les gusta, o simplemente tienen un círculo social pequeño y no quieren que se vea más reducido aún.
Dependientes: Estas personas se han desarrollado en un ambiente familiar donde no han contado con autonomía, por eso no les han dejado desenvolverse nunca solos y cuando lo hacían el entorno les hacía ver que su criterio no era acertado o que no contaban con la competencia necesaria para asumir responsabilidades. Este tipo de personas son “niños grandes”, pasan del encadenamiento a los padres a atarse con la pareja, necesitan a los demás para gestionar las tareas cotidianas, hacer pagos, tomar decisiones, salir a la calle, incluso para vestir en los casos más extremos. Cuando a una persona le gusta vivir con otra así, se llaman co-dependientes, ya que no les interesa tener una relación de amistad o de pareja con una persona con una autonomía normal, piensan que si su pareja no les necesita, les abandonara por la pobre autoestima que tienen. El problema de vivir con personas así es que te restan mucho tiempo y al final no las puedes dejar hacer solas nada, con lo cual, te condicionan tu día a día.
Sobreprotectores: Antes de nada, hay que advertir que lo hacen de buena fe. Suelen ser padres o cuidadores que son excesivamente miedosos, piensan que el mundo es peligroso y que necesitan tener a los hijos o a la persona enferma bajo el brazo. Cuidar de los hijos o de un familiar con ciertas dificultades funcionales es normal, el problema viene cuando les cortas las alas. Algunos hijos aun siendo adultos y viviendo con sus padres son tratados como si fueran niños, esto puede fomentar dependencia o que no aprendan a valerse por sí solos en el mundo de los adultos. Si hablamos del caso de un cuidador y de una persona enferma, al hacerles todo, al final les crea exceso de discapacidad y por esa razón van perdiendo sus capacidades progresivamente (Efecto Pigmalión).
Sumisos: A las personas agresivas, controladoras y dominantes esta son la clase de personas que más les gusta. Los sumisos se dejan hacer de todo, nunca te van a dar su opinión, nunca te van a desagradar, antepondrán tus necesidades y tus derechos por encima de los suyos. Te lo darán todo y no te pedirán nada. Pero a ti seguramente te gustará tener una pareja o un amigo que no sea “tu esclavo”, si eres una persona sana, te interesará que dé su opinión, que luche por lo que le interesa y que no busque contentarte por todos los medios. A veces resulta este comportamiento resulta tan desesperante para los demás, que al final se irritan con la actitud subyugada y claudicante, esto hace que los otros “se bajen aún más los pantalones” para intentar contentar a los demás, lo cual genera un bucle. En definitiva estas personas son majas, pero suelen ser “el horno donde se cocinan” los egoístas, los engreídos, los chinchosos y otros grupos de gentes tóxicas, en parte porque no les dicen nunca un “no.”
¿Cómo hacer frente a la gente tóxica?
Desafortunadamente no existe un método definitivo para esto, sin embargo, hay una serie de pautas que puede ayudar a que la situación no siga empeorando o en el mejor de los casos finalice. He aquí una serie de pautas:
No des tregua a los abusadores o acosadores. ¡Denuncia! Si lo necesitas, pide ayuda a alguien de confianza, pues no tienes por qué estar en solitario ante esto. Cuantas más personas los sepan, más testigos tendrás a tu favor y además contarás con un círculo de apoyo para aliviar ese sentimiento de soledad, desamparo e impotencia ante este tipo de personas tan tóxicas.
Ante los tipos restantes de personas tóxicas severas y moderadas puedes darles una oportunidad para que cambien, pero si la desaprovechan no les des más, eso es señal de que se encuentran muy cómodas actuando de esa manera y no les apetece salir de su zona de confort. Después de todo, seguramente no contemplan ningún tipo de beneficio en el cambio.
Deja de evitar afrontarles o rendirte ante las personas tóxicas. Mirar para otro lado no hará que se solucione, a la contra, irá a peor.
Puedes utilizar técnicas de asertividad para expresar tus sentimientos, quizá esas personas tóxicas no sean conscientes del malestar emocional que te producen, aquí entraría en juego también el punto 2. Si se niegan a cambiar, rompe la relación.
Puedes hacer ejercicios para mejorar la autoestima, si te sientes más fuerte, te afectarán menos las actitudes y los comportamientos de este tipo de personas.
Ponles límites, deja de ceder y dejar que se salgan con la suya para evitar conflictos. Tú tienes tus derechos, tu dignidad y necesidades, debes luchar por ellos. Es importante no entrar en su juego, que es lo que ellos quieren, es preferible dejarles las cosas claras que seguir “agachando la cabeza.”
Encuentra el contexto adecuado para afrontar la situación, donde la persona tóxica esté más o menos “receptiva” y déjale claro lo que quieres que haga. Pero no des rodeos, con una frase directa todo es más eficaz. Ej. “Jorge quiero que dejes de llamarme gorda.”
Cuando la persona tóxica busque atención, no refuerces ese comportamiento, déjalo extinguir y que desaparezca. Puedes ignorar su mirada no haciendo contacto visual. Puedes cambiar de tema o puedes irte a otro lugar a hacer otra cosa que no tenga nada que ver con su comportamiento (¡ojo no estás escapando!).
En cuanto a los tóxicos leves, comprende con empatía sus necesidades. En realidad quieren lo mejor para ti, te aprecian, te quieren y no saben hacerlo de otra manera. Diles claro cómo te afecta su conducta y cómo te gustaría que fuese. Puede que al principio les dé miedo cambiar, pero tú puedes ayudarles y darles apoyo: Pide espacio y libertad a los pegajosos; alienta al dependiente a hacer las cosas por su cuenta y elogia luego sus logros; gánate tu autonomía con los sobreprotectores y que vean que no te sucederá nada por “volar libre”; por último, empodera a los sumisos, dales la oportunidad de tomar decisiones para que sepa que también tienen valor.
Si tu situación de entorno tóxico excede lo mencionado o estas técnicas se quedan cortas, no dudes en ponerte en contacto conmigo para poder buscar una solución entre los dos.
Basado en distintos modelos de psicología de la personalidad, la experiencia personal y la integración en un solo formato de artículos previos.
En nuestro día a día nos rodean personas de todo tipo. Notamos muy rápidamente como nos hacen sentir los demás según el trato que nos dan o lo que nos apetece hacer en ese contexto. Sin embargo, hay ciertas personas con las que no sentimos comodidad alguna, estas personas nos perjudican, nos dañan y nos impiden cubrir nuestras necesidades emocionales básicas.
Estas personas no nacieron tóxicas, se adaptaron a lo largo de su vida a una serie de ambientes difíciles donde en muchos casos la norma era abusar de los derechos de otros. Padres, profesores, familiares, vecinos, compañeros y otras figuras del entorno les enseñaron a comportarse de tal manera. Ellos asumieron que ese era el comportamiento adecuado para desenvolverse en el mundo y aprendieron a reproducirlo al pie de la letra. En otros casos el uso de estilos de afrontamiento ineficaces como la sobre-compensación, lleva a tener este tipo de comportamientos tan perjudiciales para los demás, donde luchamos contra los problemas de manera radical, extrema y excesiva, convirtiéndose estas conductas en un problema en sí..
Puede darse también el caso que haya personas que solamente son tóxicas en ciertos contextos. Ej. Personas que son encantadoras con los desconocidos de la calle y “un martirio” en casa. También que las personas tóxicas tengan gente tóxica en su entorno y a su vez ellos intoxican a otros. Ej. El niño que hacebullying a los compañeros en el colegio y en casa su padre le pega a él. Así mismo, puede incluso que nosotros también seamos tóxicos para otras personas y ni siquiera seamos conscientes de ello. Un indicio valioso de esto último suele ser si la gente te dice que eres una persona borde, manipuladora, obsesiva o incluso que hayas perdido amistades, pues la gente se cansa de que les traten mal.
¿Cuáles son los niveles de toxicidad de las personas?
Ni que decir tiene que nos estamos refiriendo a una representación de la realidad, a un mapa, no al propio terreno. Esto quiere decir que “la toxicidad es una metáfora” y no afecta a todo el mundo por igual.
Existen tres niveles de toxicidad: Severo, donde el daño se hace intencionadamente; Moderado, el daño es menor y no se tiene por qué hacerse adrede, es la propia personalidaddel sujeto la que resulta molesta; y Leve, la persona actúa con buena intención, pero aun así perjudica a los demás.
Niveles de toxicidad:
En este post veremos los dos primeros y la próxima semana el siguiente. Vamos a ir en orden descendiente de mayor gravedad y daño a menor.
Toxicidad severa
Todos ellos hacen un daño muy ponzoñoso a la integridad de la persona, en sus casos más extremos puede durar años o incluso no remitir del todo si no se hace terapia. Algunas de estas personas son:
Abusadores: Exceden los límites de las demás personas causando un daño duradero que puede causar depresión, ansiedad, Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT) , daños en la personalidad, distorsión del autoconcepto de autoestima, reducción de las relaciones sociales, insomnio e incluso pérdida de las ganas de vivir. Existen tres tipos de abuso: Sexual, físico y emocional. Siendo el primero el peor de todos y el que más secuelas deja. El abuso físico tiene que ver con agresiones, palizas, atracos, asaltos, etc. Mientras que el abuso emocional, con insultos, humillaciones, críticas, burlas, suele estar presente en los otros dos, al ser un daño invisible es difícil de demostrar y denunciar en estos casos, como pasa en laViolencia de género. Los dos primeros son los más tóxicos porque la víctima pierde la confianza en la propia humanidad y el sentimiento de seguridad ante el mundo que todos tenemos por defectos.
Acosadores: Esta gente tiene como objetivo dañar, hostigar, humillar e incluso excluir a la víctima del contexto social o laboral. El peor de los acosos es el sexual, que nada tiene que ver con el deseo sino con degradar a la persona al máximo, son insinuaciones, comentarios lascivos, roce del “paquete” por la otra persona, tacar a la otra persona sin que esta lo desee en partes comprometidas, etc. El acoso laboral persigue hundir a la persona para que se vaya de su puesto de trabajo, puede ser sobre todo de jefe a empleado o de empleado a empleado. Y el acoso escolar busca el disfrute del acosador, la integración en el grupo de “los duros” o el alivio de la frustración personal a través del sufrimiento de la víctima. Los celos y la envidia suelen ser los detonantes, en otros casos la víctima supone una amenaza para el estatus del acosador.
Controladores: Aunque a partir de aquí son menos tóxicos que los anteriores, también son dañinos. Hay dos tipos, los de control obsesivo y los de control paranoide; los primeros tienen unas reglas muy rígidas, con “protocolo” para todo, no dejan margen de movimiento a los demás que acaban asfixiados por sus normas inalcanzables, o bien también pueden acabar de los nervios porque este tipo de controladores les echan una regañina si no cumplen las reglas; por otra parte, los controladores paranoides piensan que los demás están en su contra y por eso tienen que predecir los pasos de las víctimas para que no les pillen por sorpresa. A lo largo de su desarrollo a los primeros les dieron exceso de disciplina y a los segundos les maltrataron.
Críticos: Son personas muy perfeccionistas que tienden a poner falta al comportamiento de los demás, a su manera de ser o a su apariencia física. El objetivo suele ser el control sobre la otra persona, para que modifique lo que desagrada al crítico y este se salga con la suya. En otros casos, los críticos tienen baja autoestima y buscando defectos en los demás o tirando por tierra las cualidades positivas de otros, consiguen ensalzar la suya. Se ha estudiado que las personas con trastornos alimentarios, han vivido con unos padres que eran excesivamente exigentes con la imagen corporal, con unos ideales de belleza irreales y les criticaban el más mínimo defecto físico de la víctima.
Embaucadores, mentirosos y gorrones: Estas personas se aprovechan de la buena fe de sus víctimas y a veces de su ingenuidad. Aprendieron a ser de esta manera para sobrevivir a la crianza en un contexto donde la seguridad brillaba por su ausencia, donde habían castigos abusivos o explotación. Ahora son ellos los que utilizan esta estratagema llena de picardía para evitar que la historia se repita.
Chantajistas: A esta gente les gusta jugar con la culpa o con amenazas para salirse con la suya y que los demás hagan lo que ellos digan. Pueden ser teatrales y echarse a llorar haciéndote sentir que eres responsable de su tristeza (chantaje emocional), suelen quejarse que los demás les hacen sufrir. Mientras que estos primeros son más pasivo-agresivos, los amenazantes directamente advierten de las consecuencias de no hacer lo que quieren, por eso dan ultimátums e intentan subyugar a la víctima.
Pasivo-agresivos: Estos no atacan directamente, hacen daño de una forma más sutil, a veces dejando de hacer las cosas para fastidiar a los demás (ej. llegar tarde, no limpiar, etc); en otras ocasiones realizan acciones que saben que molestan a los demás y aun así lo hacen peor (ej. hablar de ciertos temas, poner la tele alta para no dejar estudiar, etc); por último, están los oposicionistas, que les gusta llevar la contraria sistemáticamente o dejar colgado a alguien tras un acuerdo en un momento clave.
Toxicidad media
Las dimensiones de personalidad que destacan en estas personas son la baja amabilidad y el alto neuroticismo. Ciertamente caen mal porque tratan a los demás de manera muy poco respetuosa, con malas formas y sin arrepentirse por ello; por otro lado son muy inestables, la ira, la tristeza y la ansiedad continua, hacen que los demás no sepan cómo actuar con ellos o no saber “qué máscara” se van a encontrar. Esta falta de habilidades sociales lleva a que los demás les abandonen, lo cual, produce un creciente malestar en ellos que hace reforzar su irritabilidad y su cinismo, creando así un círculo vicioso.
Agresivos y explosivos: Excluyendo a las personas que son agresivas con los demás a nivel físico o verbal (serían de toxicidad severa), estas personas se “ahogan en un vaso de agua”, tienen pataletas y berrinches actuando en Modo Niño Enfadado o Impulsivo,muchas veces lo hacen para desfogar su frustración o salirse con la suya y que los demás cubran sus necesidades. Si están enfadados, quieren que los demás lo sepan y lo tengan en cuenta. Suelen gritar, dar portazos, golpes, romper cosas y todo esto deriva en que los demás estén con los nervios a flor de piel. Convivir mucho con ellos puede producir colon irritable, Trastorno de Ansiedad Generalizada, TOC, úlceras o hipertensión entre otros males.
Engreídos: Son muy ponzoñosos para la autoestima de los demás, al tratarte con desdén o como si no valieses, puedes llegar a creértelo. Al igual que los críticos tienen ojo avizor para buscar tus fallos y luego ensalzar sus propias virtudes al compararse, para así sentirse superiores. Ellos se creen con licencia para todo, son los más guapos, los más listos, los que mejores notas sacaban, los que tienen mejores sueldos, mejores cuerpos, han viajado más o tienen los amigos más interesantes. En algunos casos no hablan de sí mismos, pero sí de las personas de su entorno, como son, pareja, hijos, padres, sobrinos, nietos, etc. A esto se le llama “brillar con la gloria ajena.” Por lo general esta conducta es una sobre-compensación de una baja autoestima oculta, en cambio hay un porcentaje pequeño pudieron ser unos “niños muy malcriados.”
Neuróticos: El más mínimo cambio en su entorno es un drama; les molestan los ruidos, viajar les estresa, una factura mensual promedio, una noticia en la tele, que una hija se vaya a dormir a casa de una amiga o cualquier movimiento de los demás que no tengan previsto. Al ponerse “atacados de los nervios”, los demás se alteran también, pueden que intenten hacerles entrar en razón, pero al verse incomprendidos se ponen más nerviosos aún. Al final acaba ocurriéndoles como el cuento de Pedro y el lobo, cuando algo serio de verdad les sucede, nadie les cree.
Histriónicos: La televisión y las redes sociales alimentan mucho este perfil. Son personas que necesitan ser los protagonistas en todas partes y si otras personas pasan a ser el centro de atención se ponen de muy mal humor. El teléfono parece “una prolongación de su mano” porque se pasan todo el día haciéndose selfies. Visten ropas llamativas, entalladas, tienen comportamiento seductor y les encanta enseñar al mundo “su cuerpazo”, a veces incluso en ropa interior. Todo se resume en una cosa, la búsqueda de reconocimiento y aprobación del entorno, algo que no siempre tuvo.
Egoístas: En el mundo solo existen dos cosas: ellos y ellos. Como suelen ser personas que solo piensan en sí mismas, no tienen en cuenta las necesidades de los demás y cuando les necesitan no están ahí para ayudar. De hecho no tienen en cuenta el malestar que esta actitud provoca en los demás, pues tienen muy poca empatía.
Cotillas: Les interesan todos “tus trapos sucios” y tus miserias, luego los sacan a la luz y disfrutan viendo como tu imagen acaba degradándose. Les encanta contar estos chismorreos a los demás en su círculo. Toman una pequeña parte de verdad y el resto se lo inventan. Muchas veces son personas envidiosas que les gusta ver la imperfección en los otros para no sentirse mal consigo mismos. Es en cierto modo una forma tosca y torpe de controlar mentalmente lo que tienen a su alrededor. Por cierto, les encanta la telebasura.
Chinchosos: Aquí hay que diferenciar entre gastar una broma, donde ambas partes se ríen, disfrutan y lo pasan bien, con chinchar, donde las bromas van en una sola dirección. La persona chinchosa se dedica a vacilar o a tomar el pelo a sus víctimas, a costa de molestarles o hacerles rabiar, suelen ser bromas pesadas que no resultan nada divertidas y no ayudan a conectar con los demás. Suelen ser gente muy indisciplinada que no respeta los límites de las demás personas. Por norma general su impulsividad les hace comportarse de forma inmadura.
La semana que viene veremos cómo son las personas de toxicidad leve y cómo ponerles límites a las tres categorías.
Basado en distintos modelos de psicología de la personalidad, la experiencia personal y la integración en un solo formato de artículos previos.
La depresión es como un vela que te va consumiendo.
Estimada persona;
De un tiempo para acá tu vida está cambiando, no sabes cómo, pero poco a poco todo es mucho más difícil para ti. Todo te cuesta más. En parte por muchas razones:
Pasas la mayor parte del día triste, llorando o con el ánimo bajo. Si tú eres de esas personas que no suelen llorar puede que estés más irritable de la cuenta, con estallidos de cólera y con muy mal humor. O Puede que seas de esas personas que se callan todo y nadie nota que tu felicidad se va consumiendo como una vela, mientras que vas sintiendo un gran vacío.
Otro motivo es la pérdida de las ganas de hacer las cosas, todo te da pereza, todo te aburre por eso has perdido parte del entusiasmo y casi toda la motivación con la que antes estudiabas, trabajabas, te reunías con la familias o los amigos. Posiblemente ahora, no te apetezca pasar tiempo con tus hijos, pues después de todo, ya no disfrutas tanto de las cosas, o por lo menos, no como antes.
Por esto mismo, puede que comas menos, que bebas más alcohol, que no quieras tener sexo con tu pareja o salir a ligar. Seguramente preferirías quedarte con el calorcito de la cama en lugar de enfrentarte al mundo, salir a la calle, ir a estudiar o acudir al trabajo. Total, no puedes ni concentrarte en nada y la cabeza se va siempre a lo mismo, a lo desdichada que es tu vida, pero el problema es que cuanto más dejas de hacer tus actividades para intentar descansar, más difícil te resulta al día siguiente.
Piensas que la vida o personas de tu entorno te están “dando muchos palos” y por esa razón la visión del mundo que te rodea, de tu persona y de tu porvenir sea muy negra. En efecto, piensas que no tienes las herramientas necesarias para enfrentarte al mundo, que solo puedes sentir indefensión ante esta situación.
Hay dos temas que pueden rondar por tu mente; el primero, que tienes muy poco valor como persona, cosa que naturalmente no es cierta, sintiendo muy poco aprecio por ti y exceso de culpabilidad por todo; El segundo, y en el peor de los casos, tu desesperanza te haya hecho pensar con frecuencia en la muerte.
Si esto es así, estás tardando en ponerte en contacto conmigo o yendo antes a un psiquiatra que te ayude a nivel farmacológico a subir tu serotonina. Tu pesimismo te puede hacer pensar que no vale la pena gastarse el dinero en un psicólogo, pero ¿quién no querría tener una vida más plena, volver a disfrutar y a ser feliz?