Quien se protege no sufre, pero quien no arriesga no gana.
Estimada persona;
No pretendo bajo ningún concepto que consideres mi carta como una crítica, sino más bien un reflejo de tu manera de ser desde siempre. Me estoy refiriendo a que desde la niñez has sido una persona reservada, te ha costado confiar en los demás, ha habido muchas situaciones que te daban ansiedad o vergüenza. Y dado ese miedo al rechazo social, has optado por hacer una vida evitando a la gente, así como, las situaciones sociales que te parecen complicadas e incluso tus propios sentimientos.
Para ti la vida gira en torno al mundo de tus pensamientos, tus fantasías, sueños y estar en la zona de confort con el mayor aislamiento posible.
Tu infancia y adolescencia se ha caracterizado por la soledad, el sentir la exclusión del grupo o crecer en el confinamiento de una habitación, para no intimar con tu familia, compañeros u otras personas del entorno. Puede que te hayan sobreprotegido, te trataran como si fueras más infantil de lo que eras, o bien que no te hayan protegido lo suficiente y por eso has sufrido acoso escolar u otro tipo de circunstancias dolorosas. Podría ser incluso que tus padres, otros familiares, compañeros o profesores te sacaban todos los defectos del mundo y tú te los hayas acabado creyendo, por eso te da vergüenza conectar con otras personas.
En cualquier caso, tu personalidad se caracteriza por un comportamiento inhibido en las relaciones sociales, hipersensibilidad a la crítica, sentimientos de incompetencia cuando te comparas con los demás y todo esto se da con la familia, en el ámbito académico, laboral o en los círculos sociales.
Puede que tus patrones habituales de conducta se caractericen por la preferencia de trabajos solitarios, donde no tengas un contacto duradero o consistente con los clientes, o puede que incluso te entiendas mejor con las máquinas que con las personas, después de todo, ordenadores y los robots no juzgan a nadie.
También puede que te cueste dar el paso de entablar conversación o relacionarte con los demás, salvo que sepas que son de fiar. Por eso tienes pocos amigos o no tienes pareja, porque en el momento en que te empiezan a conocer, temes que tus defectos salgan a la luz y se conviertan en la diana de las críticas ajenas.
Posiblemente detestas las situaciones nuevas, con personas que desconoces pues sientes que no puedes adaptarte a ellos, por lo tanto, optas por evitar dichas situaciones.
Ves que los demás hablan con otros con más facilidad y que tú no tienes esas habilidades sociales necesarias, por eso consideras que eres una persona poco atractiva e incluso inferior a los demás.
Por todo lo anterior, no es de extrañar que prefieras “lo malo conocido” y no te involucras en actividades nuevas, en parte porque no las dominas y te da mucha vergüenza el hecho de poder cometer errores o verte en situaciones embarazosas.
En cualquier caso, puedes contar conmigo para comenzar a afrontar la vida de otra forma, a abrirte hacia el mundo y empezar a vivir fuera de la muralla donde llevas una existencia de confinamiento desde hace años.
Cuanto más te comparas con los demás desfavorablemente, peor será tu autoestima.
Dado el mes en el que estamos, hoy se tratará otro tema que afecta al colectivo LGTBIAQ+, como en este caso, un canon de belleza irreal que lleva al descontento con la imagen corporal de muchos hombres gays y bisexuales con sus consecuentes secuelas en la autoestima.
Para bien o para mal, vivimos en una sociedad sumamente hedonista que ensalza el placer por encima de todas las cosas, sobrevalora la juventud y mira para otro lado ante los problemas reales de la vida como la enfermedad, el sufrimiento o la muerte. Para ello recurre a esos placeres entre los cuales indudablemente se encuentran la comida y el sexo. Pero el mundo del culto al cuerpo musculado, los inalcanzables cánones de belleza y la sobrevaloración de la delgadez hacen que a veces se vuelvan antagónicos ambos placeres.
Ese culto al cuerpo se nos instala en la mente “a sangre y fuego” produciendo un grandísimo descontento con nuestra imagen corporal, ya que, la gente de a pie tiene un cuerpo normal y quien tiene «un buen cuerpo» busca los fallos donde no los hay. Todo esto ha contribuido a que hayan aumentado los afiliados a los gimnasios pero no por motivos de salud, sino por estética. Siendo los hombres gays (cis), bisexuales (cis) y chicos trans unos candidatos muy propensos a apuntarse para “estar atractivos” cumpliendo con el canon tan exigente. En el caso de los chicos trans, independientemente de su orientación sexual, la presión es por masculinizar su cuerpo, generando en algunos casos malestar si no luce acorde con estos cánones algunas partes de este (disforia).
La presión que sufre sobre su imagen el hombre que tiene sexo con hombres es mucho mayor que el hombre heterosexual. Nada más que hay que ver una revista gay, un anuncio publicitario o una serie de televisión para ver que al hombre gay lo representan como un chico con cuerpo 10 (depilado), refinado, modosito y muy ligón. ¿Pero realmente esto tiene que ser así?
Ese estereotipo se ha compartido a nivel social, hay quien habla de “anatomía gay.” Muchas personas se piensan que el hombre homosexual promedio se cuida más que el hombre heterosexual, por lo tanto, eso implica que mire más por su imagen, cuide lo que come, que suela hacer más ejercicio y que supuestamente vista a la última. Todo esto deriva en unas expectativas exageradas y una gran sobre-exigencia dentro del propio Colectivo LGTBIAQ+. Otra razón es la vergüenza que se crea a nivel cultural por ser del Colectivo y tener tipazo es una manera de compensarla exageradamente.
Hay desafortunadamente, una serie de creencias irracionales relacionadas con la imagen corporal, algunas de ellas son las siguientes:
“Si no estás delgado, o musculado no ligas porque nadie se va a fijar en ti.”
“Los gorditos tienen menos sexo.”
“Tengo que ir bien vestido, de lo contrario, voy a parecer anticuado.”
“Voy a comer menos y hacer más ejercicio, si no, voy a engordar.”
Todas ellas son creencias sin una evidencia que las respalde que tienen como base una compulsiva búsqueda de aprobación, es decir, agradar a todo el mundo. El precio a pagar es que la persona se pierde a sí misma por el camino. Ya no hablemos del tamaño del pene, cuya obsesión por “tenerla grande” es otra gran fuente de descontento, muy relacionada con los mitos del sexo.
¿Cuáles pueden ser las secuelas del descontento con la imagen corporal?
Cuando tu identidad o el concepto que tienes de ti se basa solo en lo que ves, pasas por alto el resto de características que te hacen ser una persona única. Es como “jugarse toda la partida a una sola carta.” A la larga, cuanto más se aleja tu “yo real” de tu “yo ideal”, menos feliz eres.
Estas son algunas de las secuelas que ello conlleva:
Baja autoestima por no coincidir con el canon de belleza.
Aislamiento social por timidez y miedo a ser rechazado por otros chicos.
Aumento de conductas de tipo histriónico para llamar la atención.
Buscar relaciones abusivas y tolerar el abuso por miedo al abandono por no considerarse atractivo.
Aumento del consumo de alcohol para desinhibirse y poder ligar sin vergüenza.
Renunciar a tu manera de ser o de vestir por contentar a otros.
Dejar de ser asertivo y no dar a respetar tus opiniones o derechos.
En cuanto a los Trastornos de la Conducta Alimentaria, el 90% suelen padecerlos mujeres y el 10% hombres, siendo en su mayoría homosexuales. Por lo tanto se considera un grupo de riesgo para padecer Anorexia Nerviosa (AN) o Bulimia Nerviosa (BN). En cualquier caso, tanto las mujeres hetero, como los hombres gays buscan por lo general resultar atractivos a los hombres y sufren esa presión social sexista que le hacen caer en esta trampa.
Si eres mujer heterosexual, hombre gay, o eres bisexual y compartes estas creencias, pregúntate: ¿Realmente todos los hombres se fijan sólo en el físico? ¿Ninguno valora la personalidaden lugar de la presencia? ¿Para estar en el mercado hay que estar “hecho un figurín”? ¿A ningún hombre le molan los chicos o las chicas con un cuerpo normal? En caso de afirmar positivamente algunas de las preguntas previas: ¿Qué pruebas reales y observables por todo el mundo tienes para afirmar esto?
A estas alturas te habrás dado cuenta de que “no todo el monte es orégano”, ni todo el mundo es tan superficial. Es aquí donde entra en juego “la ignorancia pluralista”, donde el grupo de las personas atribuyen una actitud a la mayoría que no coincide con lo que la gente piensa individualmente en privado, dicho de otro modo, todo el mundo comparte a nivel plural una visión falsa de la realidad y actúan acorde con esa visión para no ser excluidos del grupo. ¿Entonces estamos buscando la aprobación de un “público fantasma”? Naturalmente sí habrá gente que sobrevalore el físico, pero no es una mayoría ni mucho menos.
¿Cómo se puede mejorar la aceptación propia y superar esa tentativa de reconocimiento?
Lo más importante es que comiences a respetarte, a aceptarte y a quererte cómo eres en realidad, y a quien no le guste, “que mire pa´otro la´o.”
En realidad, lo que resulta más atractivo de una persona es la confianza en sí misma, que tenga unos principios sólidos, que luche por lo que realmente quiere en la vida, que sea madura y que tenga buenos sentimientos. Es cierto que un cuerpo o una cara bonita son muy agradables de ver, pero no duran para toda la vida, pues los años, una enfermedad o un accidente pueden arrebatarlos en el transcurso de la existencia. ¿Y ahora qué? ¿Se acabó todo?
Puedes seguir algunas de las siguientes pautas para mejorar tu auto-aceptación:
Comienza a hablar de ti mismo con respeto. Se acabaron los autocastigos del tipo “soy un inútil”, “no soy atractivo”, etc… Todas las personas nacemos con dignidad por el simple hecho de nacer humanos, por lo tanto, empieza por no insultarte ni menospreciarte. Puede que personas de tu entorno te hablasen así de niño y tú hayas interiorizado toda esa basura de mensajes tóxicos e incapacitantes. Expulsa toda esa porquería de tu mente, tú no eres nada de eso. ¿Por qué habrías de creerte todas esas mentiras? ¿Dónde está escrito que seas así realmente? Si no te respetas tú no esperes el respeto de los demás…
Busca un círculo social de amigos que te quieran y respeten por cómo eres, no por tu físico o por quien deberías de ser. ¿Realmente querrías ser un objeto puramente sexual? ¿Te gustaría que los chicos que se acercaran a ti sea solo con intención de llevarte a la cama? Vale, admito que esto es un poco drástico, pero no eres un muñeco hinchable. Un amigo de verdad está ahí sin compromiso porque es feliz pasando buenos y malos momentos contigo. Ni que decir tiene que le importa un bledo si pesas 70 o 90 kilos.
Nada de sobre-exigencias. Si eres muy perfeccionista, estás condenado a la infelicidad, puesto que todo puede hacerse siempre mejor de lo que se hace y nunca acabas estando conforme con nada de lo que haces o tienes. Muchas veces el intento de control del mundo exterior es un intento ineficaz de controlar la inestabilidad interior. Pregúntate: ¿Cuál es la verdadera necesidad tuya que no está satisfecha tras ese intento de control compulsivo?
Haz una lista de cualidades positivas tuyas. Si no te sabes ninguna, pregunta a personas de confianza. Además, puedes hacer otra sobre las cosas que se te dan bien hacer. Una vez terminada la lista piensa en qué te han ayudado en la vida y qué te han aportado para poder superar los problemas y crecer como persona. A lo mejor te llevas una sorpresa y vales más de lo que pensabas.
Deja de buscar la aprobación de los demás a toda costaen las redes y en el mundo real. No ayuda a tu autoestima compartir miles de selfies en las redes enseñando tu cuerpo en calzoncillos. Esto es un pozo sin fondo. A corto plazo te sientes valorado, pero a la larga, se refuerza ese sentimiento de vacío y de necesitar a los demás para estar completo.
Pon fin a la renuncia de tus gustos estéticos por agradar a los demás. Viste como te plazca. Del mismo modo, si no te mola el ejercicio físico, no lo hagas. Si no te gustan los bares de ambiente, no vayas. Lo más importante es que seas fiel a lo que de verdad te dicta tu corazón, a tus inclinaciones naturales. Sabemos que a veces da miedo seguir ese camino de ser uno mismo, pero puede que la ignorancia pluralista esté tras todo esto y no te permita avanzar.
Comienza a ser asertivo. Defiende tu punto de vista, sin llegar a la violencia verbal y respetando a los demás, pero no cedas. Tu opinión cuenta, tu visión del mundo es única. ¿Por qué no compartirla con los demás? Puede que en el pasado te hayan dicho que no valía lo que decías, o que eras una persona poco interesante, pero no tiene por qué ser cierto. Dependerá del punto de vista de tu interlocutor el considerar cuán interesante eres, y recuerda, no todo el mundo tiene por qué ser afín, ni compartir los mismos gustos. Que alguien te atraiga sexualmente, no implica que juntos se pueda formar una relación productiva de pareja o incluso amistad.
Por último, aléjate de personastóxicas. Estos individuos son arrogantes, controladores, manipuladores, déspotas, faltan al respeto y no te tienen en cuenta salvo para explotarte. El resultado es que tu estado de ánimo y tu autoestima van cada vez a menos, por eso, realmente no necesitas intoxicar tu mente con “el veneno” de sus comentarios desfavorecedores. ¡Arrímate a gente que te sume y no que te reste!
Si además de esto, ves que no te aceptas a ti mismo, no dudes en contactar conmigo para llegar al meollo del problema y poder darte una visión objetiva de lo que puede estar pasándote. Recuerda, empieza a quererte de verdad, sin importar tu apariencia, lo que es relevante de verdad es invisible. Ámate, con los ojos abiertos, no desde la altanería y las apariencias.
Bisexual: Es una orientación sexo-afectiva que se aplica tanto a personas cis, como a personas trans. Persona que siente atracción sexual y/o sentimental por su mismo género y por otros, no necesariamente al mismo tiempo, ni tampoco con la misma intensidad.
Cis: Es una identidad de género. Viene de cisgénero, y se trata de una persona que está de acuerdo con el género que le asignaron al nacer según sus genitales. Es lo contrario a trans.
Gay: Es una orientación sexual. Son hombres (cis o trans), que sienten atracción afectiva y(o sexual por personas de su mismo género.
Heterosexual: Es una orientación sexual. Son personas que sienten deseo sexual o romántico por un género distinto al suyo. Ej. Hombre-mujer.
Trans: Es una identidad de género: Viene del término transgénero, son personas que no están de acuerdo con el género que les asignaron al nacer.
Estamos en el mes del orgullo LGTBIAQ+, es un buen momento para tratar ciertos temas de sexología relacionados con las orientaciones sexuales y las actitudes de la sociedad ante ellas. Siendo la bisexualidad un ejemplo de ello. Coloquialmente les llaman «bi», y como miembro del Colectivo, me doy cuenta del desconocimiento tan enorme que hay con respecto al tema. Las personas temen aquello que no conocen, por eso la bifobia es tan común entre los heteros y entre los gais.
¿Qué entendemos por bisexualidad?
Es la atracción sexual, sentimental y/o romántica por personas de más de un género, no necesariamente al mismo tiempo y no necesariamente con la misma intensidad. Se utiliza tanto para referirse a hombres como a mujeres, así como a personas no binarias (aunque este texto lo estoy escribiendo en masculino genérico porque soy un antiguo. ;))
Una persona bisexual puede formar varios tipos de relaciones a ojos de los demás y será leída como una relación gay, hetero o lésbica, aunque uno o ambos miembros de la pareja sea bi. Esto induce a nuestra invisibilización.
Sea el tipo de relación que sea, una persona bi siempre es bi y no cambia de orientación, no son camaleones en el deseo o en sus sentimientos. Pero el desconocimiento y la ignorancia lleva a que la gente tenga una serie de mitos formados por creencias irracionales y actitudes desfavorables hacia ellos (especialmente hacia los hombres), a esos prejuicios se les llaman «bifobia.»
¿Qué entendemos por bifobia?
La bifobia es una actitud desfavorable hacia las personas que sienten atracción amorosa y/o erótica por más de un género. El rechazo puede ser hacia la actividad sexual, hacia las personas bi, o negando directamente que la bisexualidad pueda existir. Por eso les llaman unicornios, porque todo el mundo sabe lo que es, pero nadie cree que puedan existir. Esa actitud aversiva que les tienen está formada por creencias irracionales, por emociones negativas como desprecio, miedo u odio, así como conductas que tienden a la exclusión, como son la negación de su existencia o un trato hostil. Cuando eres un grandullón y tienes una expresión de género masculina con complexión fuerte, nadie te dice nada a la cara, pero en las redes todo queda bien plasmado.
La concienciación sobre lo perjudicial que es la homofobia demuestra que vamos avanzando. La mayoría de la población la interpretan como un acto delictivo, como la base de los delitos de odio, pues viola los derechos de dignidad y respeto de los hombres gay y las mujeres lesbianas. En cambio, a la bisexualidad aún le queda un largo camino. Aunque en España estamos más avanzados que en muchos países de Europa y América, hay sectores conservadores de la política y la religión que no están felices con su visibilidad y participación abierta en la sociedad.
Dentro de las siglas LGTBIAQ+ (*Glosario), si bien las personas Trans son las más discriminadas son las más discriminadas y peor tratadas del Colectivo (en especial las mujeres), ciertamente, los bisexuales son invisibles ante los demás y ni siquiera son tomados en cuenta (imagina entonces una mujer trans bi). En efecto, suele suceder que se quedan camuflados por formar parejas heterosexuales u homosexuales, y es frecuente oír rechazo hacia esta orientación por “ambas aceras”. Salvo que sea una persona trans uno de los miembros de la relación, que difícilmente sería leída como heterosexual.
Los mitos sobre la bisexualidad son muy dañinos para el concepto, la actitud y la afectividad que la gente les tiene. No escribo esto para hacer propaganda de nada, sino como psicólogo y sexólogo, pienso que es necesario que conozcáis mejor la diversidad sexual de nuestra especie. En especial para que las siguientes generaciones crezcan en un mundo sin odio. La educación es el camino para crecer en un mundo de tolerancia. Y por supuesto, ninguna educación y ninguna doctrina cambia las orientaciones sexuales de las personas (aunque si puede reprimirlas), a mí me educaron en la heterosexualidad y no soy hetero.
¿Cuáles son los mitos sobre la bisexualidad?
Estos son algunos de ellos:
Pensamiento dicotómico: Todo es blanco o negro, “o eres gay o eres hetero”, no existe el gris, ni las personas bi. Esta es una distorsión cognitiva clásica.
La bisexualidad es imposible en una cultura monógama: En nuestra cultura, solemos tener una sola relación de pareja, salvo que te separes, enviudes, tengas una relación poliamorosa o abierta. Tener una sola relación de pareja no implica que una persona bi vaya a jugar a dos bandas, busque tríos, o tenga una vida sexual incompleta por no tener parejas de varios géneros, o que los bi sean incapaces de comprometerse (conozco parejas de personas bi que llevan décadas). En verdad, los bi tienen una relación con quien les apetezca o con el género que más nos guste.
La negación de la bisexualidad: Pensar que es imposible que te gusten las mujeres y los hombres cierra la puerta para poder expresar tus sentimientos con tu entorno o incluso si tu círculo piensa así, te puede llevar a encerrarte en el armario. Por eso hay muchas personas bi con parejas de otros géneros que no confiesan su bisexualidad en la vida pública.
La invisibilidad de la bisexualidad: Relacionado con el punto anterior, puede que tu entorno te acepte si eres hetero, gay o lesbiana, pero no si fueras bi. Esto hace que se haga cada vez menos visible esta orientación sexual. No tomes a un unicornio por un caballo o una yegua, please.
El mito de la transición o la confusión: Relega la bisexualidad a una mera fase de paso de hetero a gay, quedando como un punto intermedio. Nada más lejos. Un hombre pueden pensar primero que es gay, y con el tiempo descubrir que le gustan personas de todos los géneros. Vale, quizá le gusten más los hombres que las mujeres, pero estas aunque menos, también le atraen. Además también le pueden atraer personas de más géneros (por ejemplo, no binarias). Lo mismo ocurre si te atrae más otro género distinto al tuyo. Lo cierto es que no te tienen por qué gustar al 50% los hombres y al 50% las mujeres (u otros géneros). Aun así hay etapas de la vida donde gustan más un género que otro, eso se debe a que es una orientación sexual fluida. Y eso no significa que si te gustan más las mujeres que los hombres en una racha, se te haya fugado el enamoramiento de tu pareja si estás en pareja con un hombre.
Los porcentajes: Como están en «la acera de en medio» la gente se piensa que son un tanto por ciento gay/lesbiana o un tanto porciento hetero. El caso es que son 100% bisexuales. Los heteros, los gais y las lesbianas no se enamoran o sienten deseo por más de un género, más bien son «monosexuales» y «monorrománticos.» ¡Ni medio gay, ni medio hetero, más bien, se es bisexual entero!
Considerar la bisexualidad una moda: Una enorme mentira. Desde la antigüedad ya se han conocido figuras emblemáticas como Alejandro Magno o Julio Cesar que tenían relaciones amorosas y sexuales tanto con hombres como con mujeres. Ya el poema de Gilgamesh en la antigua Mesopotamia (S. XXV a.C) hablaba de este rey casado que se enamoró también de Enkidu (un hombre con rasgos animalescos). Por lo tanto, no es una tendencia del siglo XXI. Lo que sí ha cambiado con el paso de los siglos y de una cultura a otra es el concepto de lo que es ser bisexual. Siendo este un término del S.XIX. Hay especies más antiguas que la nuestra que ya muestran un comportamiento bisexual (forman parejas estables o se aparean con más de un sexo).
Pensar que a los bi les gusta todo sin filtros; todas las mujeres y todos los hombres, de ahí la expresión “le da a todo”. No es así, al igual que a los hombres hetero y a las lesbianas no les gustan todas las mujeres, ni a las mujeres hetero y ni los gais les molan todos los hombres, a los bisexuales no les gustan todas las personas. Tienen preferencias y filtros como todo el mundo. Hay quien prefiere los morenos a los rubios y hay quien le gusta más las chicas rellenitas frente a las delgadas. Para gustos, los colores, y para colores el arcoíris. Este prejuicio está vinculado a que les tachen de promiscuos, pero la promiscuidad según la OMS es tener más de 2 parejas sexuales al año, por ende, todos somos promiscuos en la soltería. Igualmente, dejemos los moralismos aparte, que cada cual es libre de tener sexo con quien quiera (de manera consensuada y con mayoría de edad).
Pensar que las personas bi son infieles: La infidelidad va más con la personalidad del sujeto (incapacidad de tener autocontrol ante los encantos ajenos) y no tanto con la orientación sexual. Hay muchas personas hetero, gais o lesbianas que son infieles a sus parejas.
Tienes que tener sexo con hombres y mujeres, o haberte enamorado de ambos géneros para ser bi: Hay gays que están casados con mujeres para tapar su orientación sexual y no son bi; hay hombres hetero que tienen sexo con otros hombres en contextos carcelarios donde no hay mujeres y no son bi; hay gente célibe que son bi; hay bisexuales que nunca se han enamorado de nadie y son bi. No es la conducta sexual ni el enamoramiento lo que te hace bi, sino el deseo, las fantasías sexuales en tu cabeza y las ganas que les tienes a las tías buenas y los chulazos que te molan por la calle lo que te hace bi. Por supuesto también les gustan personas del espectro no binario.
¿Qué pasa si una persona niega su bisexualidad porque no lo acepta?
Todo lo anterior puede dar lugar a que la persona bi afronte su orientación sexual ocultándola o negándola. No aceptar que eres bi es condenarte a no asimilar tu vida afectiva de manera integral. Estés en soltería o con cualquier tipo de pareja, seguirás siendo bisexual.
Hay tantos casos como personas: Puede que tengas una relación heterosexual y en realidad te atraiga más tu mismo género, o puede que tengas una relación homosexual, pero también te molen otros géneros.
Pero no debes negar tus sentimientos y tener honestidad con tu pareja. Piénsalo al revés: ¿Te importaría que tu chico/a/que fuese bi?
Te haces un flaco favor tapando, minimizando o negando tus sentimientos. No es inmoral, enfermizo, sucio, vicioso o promiscuo ser bisexual. Es una orientación sexual natural y sana como cualquiera de las otras que existen. Podrías dejar de luchar contra ti y unirte a la batalla por la igualdad y la visibilidad de las personas bisexuales. Ten en cuenta que si alguien te rechaza por ser bi, no te merece, pues no haces daño a nadie por sentir atracción por más de un género.
Igualmente, no hace falta que seas bisexual para defender la bisexualidad. Puede que seas hetero, gay, lesbiana o del espectro asexual, pero eso no significa que no puedas unirte a la causa de normalizar la bisexualidad. De últimas, todo el mundo merece el mismo respeto.
Vivimos en democracia, la sexualidad es algo muy personal e íntimo, por eso todos deberíamos tener los mismos derechos, siendo lo más importante que nos tratemos con igualdad, cordialidad y sin violar los derechos de las demás personas. Y de últimas, ser bisexual es una identidad que te hace diverso y disidente de otras formas de vivencias afectivo-sexuales.
Si eres bi y no lo aceptas, aquí te sugiero unas pautas:
1. Dejar de creer los mitos antes citados.
2. Naturaliza la bisexualidad.
3. Defiende asertivamente su existencia cuando los mitos se presenten en boca de terceros.
4. Puedes luchar reivindicando nuestros derechos, eso te dará sentimiento de pertenencia.
5. Conoce y conecta con otras personas bi para que sus experiencias te hagan sentir que no eres la única persona que no es monosexual (atracción por un solo género, se aplica a los heteros y a los gays/lesbianas).
¡Cambia de actitud! Es hora de empezar a quererse con los ojos abiertos y reclamar el terreno que te pertenece. Nadie debe juzgarte si decides formar una relación o acostarte con una mujer, con un hombre, o con una persona no binaria. Además, tienes el derecho y la libertad de formar una familia con cualquier tipo de personas que te guste. ¡No te calles, no te dejes pisar y defiende tu dignidad!
Si tienes dudas sobre si eres bisexual, si no lo aceptas, o has sufrido acosoescolar o laboralpor serlo, no dudes en contar conmigo para afrontarlo. Como puedes comprobar, no tengo tapujos.
El camino para la felicidad y la aceptación integral de tus sentimientos está al alcance de tu mano. «Bi yourself, bi happy!»
El pensamiento habitual en estas situaciones: «¿Estarán hablando de mi?»
Estimada persona;
Esta carta puede resultarte muy incómoda porque puede hacerte rememorar momentos de tu vida que preferirías no recordar. Me estoy refiriendo a vivencias de castigoscontinuos por parte del entorno: críticas, humillaciones, burlas, palizas, agresiones sexuales, acoso escolar, acoso laboral o incluso violencia de género a lo largo de tu trayectoria vital.
Efectivamente, las personas de tu alrededor se han portado muy mal contigo, no te han respetado, te han hecho daño y ahora no puedes confiar en nadie. Sospechas de las malas intenciones de todo el mundo.
Puede que ya seas un hombre o una mujer hecho/a y derecho/a, pero ante la más mínima situación de crítica, vuelves a revivir todo ese dolor que tuviste en la niñez o la pubertad. Quizá las otras personas no pretendan hacerte daño adrede, pero incluso aun sabiéndolo, te pones a la defensiva “en cero coma” y te vuelves impermeable al diálogo.
En cualquier caso, piensas que llevas toda tu vida viviendo lo mismo: crees que los demás te van a gorronear o se van a aprovechar de ti; eres una persona celosa, posesiva y temes la deslealtad de tu pareja, hijos, compañeros, amistades u otras personas; te da miedo que la gente te haga daño o te vaya a engañar, por eso miras todo con lupa para poder controlarlo; eres una persona reservada, hablas poco de ti por miedo a que esa información se use en tu contra; en conversaciones cotidianas tergiversas el significado de las palabras y lo tomas todo como un ataque, o bien con un doble sentido que te hieren por más que los demás te perjuren que no era su intención; sueles tener mal genio, estás a la que saltas y atacas agresivamente con insultos, críticas mordaces o incluso con agresividad; controlas todo lo que tu pareja hace por miedo a que te vaya a poner los cuernos o te vaya a traicionar; piensas que los demás hablan mal de ti a tus espaldas; cuando la gente se ríe por la calle piensas que lo hacen de ti; cuando alguien camina tras de ti te pones de los nervios porque crees que te atacará de un momento a otro; tienes mucho rencor, rabia y hostilidad dentro de ti, hasta el punto que todas esas heridas del pasado aún retumban en tu interior tras tantos años.
A causa de lo mencionado en el párrafo anterior, tu pareja, familiares y amigos se quejan de lo suspicaz que eres, siendo dichas quejas para ti es otro ataque más, tu les dices que siempre has sido así, que esta es tu manera de ser.
Para afrontar estas dificultades y convivir en sociedad has podido tener enormes dificultades para socializar con la gente, puede que te aísles, prefieras trabajos solitarios, no salgas y prefieras la más absoluta soledad en algunos casos.
Quizá eres a la única persona de la familia que le ocurre esto, pues no hay antecedentes familiares con trastornos psicóticos como la esquizofrenia o la bipolaridad, ni a ti tampoco te lo han diagnosticado nunca.
Puede que te cueste confiar en todo el mundo, pero espero que tras leer esta carta te percates que entiendo por lo que llevas años pasando. Puedo ayudarte a curar esas viejas heridas, a aprender a confiar en los demás y a relacionarte con más eficacia. En realidad, te estoy tendiendo una mano amiga, ahora dependerá de ti.
El motivo de mi carta es para hablarte sobre tus sentimientos, concretamente ese estado de ánimo bajo que te acompaña desde hace más de dos años para acá y no mejora.
No sabes cómo has llegado a esto, parece como si la noción del tiempo se hubiera distorsionado. Progresivamente te fuiste hundiendo cada vez más, no le diste la menor importancia, hasta que te encontraste en este día a día gris y sin sentido. Si miras en tu interior solo puedes sentir un grandísimo abismo cuyo fondo no puedes alcanzar a imaginar.
Poco a poco decrecía tu interés por las actividades del día a día, todo perdió su colorido habitual; ya sea un trabajo que a priori te gustaba, la carrera que quisiste estudiar, hacer actividades en familia, o reunirte con tus amistades. Desde hace dos años o más no han vuelto a hacerte disfrutar estos momentos que antes eran placenteros, por eso sientes que has perdido la capacidad de disfrutar.
Esto ocurre en parte porque no sientes que tengas energía para nada, todo te da pereza, te aburre, o te cuesta horrores. Levantarte de la cama es una gran lucha que tienes a diario, entre un lado tuyo que te obliga a levantarte y otro que te pide por favor que continúes dentro de ella. El problema es que por más que descanses o duermas, lejos de reponerte, hace que cada vez tengas más cansancio.
De todos modos, nunca has tenido mucha confianza en ti mismo/a, has interiorizado los mensajes negativos de tus padres, hermanos, profesores, pareja u otras personas del entorno que consideran que eres una persona fracasada, perdedora o inútil. No es necesario que a día de hoy te lo digan, ya te encargas tú mismo/a de criticarte, castigarte y exigirte como ellos lo hicieron en su día.
A esa visión negativa de tu persona y de esa “gentetóxica” de tu entorno, se suma un sentimiento de desesperanza, creyendo que el futuro te depara más de lo mismo, que todo esto no es una racha pasajera, sino una cotidianeidad que ha venido para quedarse.
Por todo esto, tu repertorio emocional se ha reducido básicamente a la ansiedad y la tristeza, hasta tal punto que los demás han pasado a considerar que eres una persona triste, sin alegría o vitalidad.
Por raro que te parezca, hay luz al final del túnel. Si quieres yo puedo ser tu guía para ayudarte a salir de esa continua oscuridad que te acompaña, lo más importante es dar el primer paso, pedir ayuda y comprometerte a mejorar tu vida.
La convivencia durante el confinamiento ha hecho que muchas relaciones se resientan.
Cuando las personas se enamoran tienen una visión idealizada de la otra persona, se produce un efecto halo, donde un aspecto positivo engloba al resto de las características. Nos atrae la afinidad con la pareja, es decir, lo que tenemos en común, así como las facetas que nos resultan familiares para bien y para mal. Aunque no siempre somos conscientes de ello, nuestra pareja suele ser alguien que nos trata como las personas de nuestro entorno, por eso nos sentimos cómodos con ella. Los mitos del amor ayudan a que se distorsione lo que estamos viviendo con la persona durante el noviazgo y mientras cada cual vive en su propia casa.
Hay un gran intercambio de comportamientos agradables (refuerzos) haciendo aumentar la motivación; son frecuentes los mensajes, las palabras bonitas, la atención, el cariño, el sexo, el tiempo dedicado a hacer juntos actividades. Los comportamiento desagradables (castigos), están prácticamente ausentes. Pues cuando empezamos a ver algo que nos molesta de nuestra pareja decidimos mirar a otro lado, y también intentamos ocultar facetas nuestras que no nos agradan para que nuestra pareja no las vea, como el mal genio por ejemplo.
Nos pensamos que toda nuestra relación va a continuar eternamente en ese limbo, donde nos dedicamos enteramente a la otra persona, pero en el momento que comenzamos a convivir, empiezan a haber asperezas. Cada persona se ha criado en un ambiente familiar con unas normas que intenta reproducir y a veces imponer en el nuevo hogar.
Es entonces cuando comienzan las discusiones, los reproches y el intercambio de castigos mutuos, que acaban reduciendo la motivación de la relación por completo si no se van intercalando con los refuerzos. La visión previa idealizada del otro se torna en el efecto Horn, donde un pequeño fallo pasa a ser que todo está mal en la otra persona (por eso es contrario al efecto halo).
Por lo general, las parejas suelen seguir perpetuando las carencias emocionales básicas que se tuvieron en el entorno de origen, es decir, si tenías problemas de comunicación, de autonomía, no tenías libertad de expresión, ni un autocontrol sano, o bien no podías relajarte y disfrutar, en tu nueva relación de pareja también te va a ocurrir. Es entonces cuando se nos van a activar las heridas que se llevan arrastrando desde la infancia y eso va a llevar a que los miembros de la pareja entren en conflicto. O dicho de otro modo, se activan nuestros esquemas(trampas vitales) y eso da pie a que se discuta.
El problema es que al final las necesidades de ninguno de los dos van a ser satisfechas. Ej. Si un miembro tiene exceso de apego con la familia de procedencia (“es muy madrero/a”) y su pareja también, una de las dos partes pasa menos tiempo con la familia de origen; si una de las partes ha tenido carencias de afecto físico, cariño, guía y directrices, y su pareja también pero lo afronta con frialdad y distancia, los reproches o las discusiones por estos aspectos también aparecerán; Si para uno el sexo es un aspecto muy importe y para el otro no, esto es otra fuente de insatisfacción; Otro ejemplo es el chico que ha sido educado en el machismo porque su madre y sus hermanas se encargaban de las tareas del hogar, y ahora espera que su chica haga lo mismo que sus referentes familiares, esto acaba también en una fuente de conflicto por la falta de cooperación.
¿Qué hace que la pareja mantenga una convivencia destructiva?
Como se ha dicho antes, la familia de procedencia son el modelo habitual que cada miembro de la pareja suele imitar, tanto en lo efectivo como en lo disfuncional. No obstante, las familias no son la única influencia. La televisión sobre todo ofrece unos modelos de pareja irreales, especialmente las comedias románticas hacen uso de infidelidades, celos o faltas de respeto, que pueden resultar muy cómicas, pero no son un buen modelo a seguir.
Tras un período de convivencia, las parejas acaban amoldándose el uno al otro y tienen dinámicas que alimentan la distancia o las discusiones en la pareja. Derivan de estilos de afrontamiento ineficaces como la rendición (sumisión), la lucha (compensar en exceso) y la huida (evitación), que ante los peligros de la naturaleza sirven para sobrevivir, pero no valen para confrontar nuestros sentimientos o los problemas en las relaciones sociales. Los tres procedimientos habituales son:
Un miembro evita al otro y viceversa. “Tú me evitas, yo te evito y la casa por barrer.”
Los dos miembros se atacan mutuamente. Este patrón acaba en acaloradas maratones de discusión, donde una da paso a la otra y luego por la más mínima malinterpretación aparece otro conflicto nuevo.
Uno ataca y el otro evita el ataque. Aquí se produce un desequilibrio en la balanza de poder, en el cual, una parte se dedica a dominar a la otra.
Estas tres estrategias para abordar los problemas solo contribuyen a que la pareja se polarice (cada uno tiende hacia un extremo distinto) y lejos de encontrar una solución conjunta a sus problemas, cada vez se alejan más el uno del otro.
¿Qué comportamientos son tóxicos para las parejas?
Dentro de estas tres dinámicas se pueden dar un total de 17 conductas tóxicas, ambas partes actúan fútilmente para resolver los problemas, pero lejos de arreglarlos, acaban dañando más aún la relación e incluso la pueden conducir a su destrucción:
Atacar: Aquí entrarían conductas como criticar, reprochar, insultar, faltar al respeto o humillar a la otra persona. A veces viene dado por la ira, por la frustración de no salirnos con la nuestra o porque la otra persona ha dado en alguna de nuestras heridas. En otras ocasiones se produce simplemente por malinterpretaciones.
Exigir: Se le demanda a la pareja que haga alguna actividad, se comporte de alguna manera determinada, o se le pide directamente que obedezca. Utilizando el mismo patrón de conducta y obligación que utilizaron los padres sobre la persona exigente, hasta tal punto que pone hasta el mismo tono de voz que sus progenitores.
Rendirse: Comportamiento de sometimiento que consiste en obedecer todo lo que la pareja dice para evitar conflictos mayores. El problema que tiene esta conducta es que al final la persona que cede no cubre nunca sus necesidades, no puede expresarse y acaba teniendo problemas en el estado de ánimo.
Aferrarse: Comportamiento de lucha contra el sentimiento de abandono, se da en personas que tienen mucha dependencia de la pareja. Al final ambos miembros acaban asfixiados porque no tienen su espacio personal.
Evitar: Con este comportamiento escapas de los conflictos con la pareja pero es una medida a corto plazo, a la larga los problemas siguen estando presentes y tampoco se cubren las necesidades con este estilo de afrontamiento.
La búsqueda de estimulación: Algunas personas se agobian en la convivencia, entonces recurren a actividades muy estimulantes y a estar siempre ocupados en pos de no pasar tiempo con la pareja. Como por ejemplo, dedicarse en cuerpo y alma al trabajo incluso en los ratos libres. Al final no hay intercambios positivos entre ambos miembros y la otra parte se puede sentir abandonada, no querida o no deseada sexualmente.
Tranquilizarse mediante conductas adictivas: Recurrir a la comida, a los videojuegos, a los juegos de azar, a la televisión y en el peor de los casos a sustancias como el alcohol u otras drogas, para escapar de los sentimientos de malestar que se generan en la convivencia con la pareja. Se entra en un bucle donde una parte busca a la otra para ayudarle a salir de la conducta adictiva o para no sentirse privada de afecto, mientras que la otra sigue recurriendo a la distracción tóxica para escapar. Una “bola de nieve” que cada vez va a más.
Manipulación: Conductas como engañar, engatusar o embaucar a la pareja para fines egoístas, tiene como objetivo satisfacer los intereses personales o un intento torpe por cubrir las propias necesidades. Al final la pareja puede acabar dejando la relación por desgaste, falta de confianza o porque no se tienen en cuenta sus necesidades.
Penalización: Consiste en tratar mal a la pareja porque no hace lo que queremos, no cumple nuestras expectativas, o simplemente en privarle de actividades que le gustan. Aquí entrarían en juego los reproches, ataques, retirar la palabra, dejar de tener sexo o no hacer cosas que a la pareja le agradan adrede. A veces las penalizaciones son un instrumento de control y sometimiento. Se suelen dar en personas que han sido muy castigadas por sus familiares en la infancia y la adolescencia, así como en relaciones de pareja anteriores. La persona castigadora aprendió a someter para hacerse con el control de los demás como hicieron con ella, además es una forma de luchar por evitar que le vuelvan a poner bajo el yugo.
Rebajar: Comportamientos que pretenden rebajar el valor del cónyuge, mediante críticas, aireando las intimidades ante terceras personas, mención de complejos, o regodeo en errores del pasado. A veces una de las partes rebaja a la otra para beneficiarse de los defectos del otro, el fin no es otro que mejorar la propia autoestimacreyéndose superior. Las secuelas son la reducción de la autoestima en la persona que lo recibe, llegando a sentir una gran vergüenza, que a la larga puede acabar en un estado de ánimo depresivo.
Desequilibrio de poder: En un intento del dominio de la otra persona, al final las decisiones de la pareja acaban convirtiéndose en una tiranía, en lugar de un consenso democrático, donde uno es el déspota o monarca y el otro es el siervo. A veces el machismo facilita que se den estos comportamientos, pero también puede darse de la mujer al hombre, o en parejas homosexuales. Habitualmente es un aprendizaje observacional de los roles de poder que había en la familia de origen, repitiendo con la pareja actual los mismos comportamientos que se vio en los padres durante la niñez.
Control: Relacionado con el anterior, se trata de tener dominada a la pareja. El motivo habitual es una necesidad de acaparar la ansiedad que genera la pérdida de control sobre la pareja o la situación. O bien el miedo a que la otra persona tenga una autonomía que acabe en el abandono de la relación. Por ejemplo, si la pareja sale con las amistades a la discoteca hay miedo a que ligue con otra persona. A veces se produce incluso una violación de la propia privacidad de la pareja, con comportamientos como mirar los perfiles de las redes sociales, o cogerle el móvil para leer los mensajes. Cuando la pareja descubre esto se enfada (con razón) y esto acaba despertando más aún la suspicacia del miembro controlador pensando que su pareja pretende ocultar algo, creando así un bucle.
Chivos expiatorios: Consiste en desahogar sobre la pareja las frustraciones vividas en el entorno con otros familiares, los compañeros, o el jefe. Al final es la pareja quien paga el pato por la ira contenida que se ha ido amontonando a lo largo del día.
Chantaje emocional: Son amenazas o manipulación con el uso de la culpa, la vergüenza, el miedo o la obligación. El fin es satisfacer egoístamente las propias necesidades y los caprichos a costa de la renuncia que la pareja hace. En resumidas cuentas no deja de ser otra forma de intentar controlar.
Estar en posición de la verdad: Este patrón se da sobre todo en personas tercas, acomplejadas o con baja autoestima. Es una búsqueda de reconocimiento y de sentirse con autoridad para decirle a los demás lo que tienen que hacer porque ellos tienen toda la razón. Se suelen dar en personas rígidas y dogmáticas. Lo más curioso es que cuando la pareja o los demás le demuestran pruebas que desmontan esa opinión de “verdad absoluta”, aunque la persona sepa que en realidad no lleva razón, sigue defendiendo su postura equivocada “a capa y espada” con cabezonería, e incluso atacando o rebajando a la otra parte. Ej. Tú no llevas razón porque eres un ignorante.
Inculpación: Cuando una persona le echa la culpa de todo lo que le ocurre o de sus propios errores a la pareja, a corto plazo le ayuda a preservar su autoestima, pero a la larga no aprende a enmendar los propios errores. Es una posición inmadura y egoísta que a la pareja le acaba pesando como una losa encima.
Motivos ocultos: Se trata de una actitud suspicaz en la que se malinterpreta la comunicación con la pareja, se buscan dobles sentidos o se ven ataques donde no los hay. Esto genera mucha alerta para los dos, la parte suspicaz porque está temerosa de recibir ataques y la otra parte midiendo todo lo que dice para evitar discusiones. La persona que ve motivos ocultos suele reaccionar con violencia verbal, gritando o con muy malas formas. Su pareja a la larga se siente cansada, impotente y hundida al no saber ya cómo hablar.
¿Cómo pueden mejorar las parejas su convivencia?
Hasta aquí tenemos una extensa retahíla de comportamientos tóxicos para la relación, pero no es suficiente con reconocerlos, también es necesario poner de nuestra parte para mejorar la convivencia en pareja. No es momento de buscar culpables o pretender tener la razón, eso no soluciona los problemas, más bien al contrario. Se trata de crecer en paralelo, poniendo cada uno de su parte y compartir con la pareja. Después de todo, ¿qué es más importante, el orgullo o salvar la relación?
Las siguientes técnicas de distintas orientaciones psicológicas se basan en el cese de los castigos y el aumento de los refuerzos:
Respeta a tu pareja: Comienza a hablar a tu pareja como si fuera una persona que ves por primera vez. No grites, no insultes, no te regodees en sus fallos o complejos. Trata a tu pareja cómo te gustaría que ella te tratase a ti.
Mejora conceptos del amor y destruye mitos: Quizá tus expectativas sobre la relación o sobre la pareja son excesivas. Las creencias distorsionadas sobre el amor pueden estar entorpeciendo el intercambio positivo. Rebaja las exigencias y comienza a tener una visión menos ingenua del amor. Te invito a leer un artículo sobre mitos del amorpara mejorar este aspecto.
Cultiva el cariño y la admiración: En lugar de despreciar o evitar a tu pareja, dile cosas bonitas. En cuanto a la parte que recibe los piropos, le diría que acepte estos cumplidos y no critique a la pareja por hacerlos o se ponga a la defensiva. Usa más afecto físico, cuando llegues a casa, cuando te vayas y durante las actividades cotidianas. ¿Qué tal un besito por la espalda “a traición”? En cuanto a la admiración haré una metáfora; las parejas son como una serie, a veces hay algunos “capítulos de relleno” que no molan, pero aun así te gusta dicha serie en general. Céntrate en lo que te gusta de ella o de él, no en sus capítulos de relleno. Dile lo que admiras en su manera de ser.
Recupera cercanía y atiende sus necesidades emocionales: Consiste en empatizar, escuchar, dar apoyo, consejo y consuelo. Todos necesitamos compartir y cubrir esas necesidades. Precisamos ser escuchados, respetados y amparados. Si en lugar de eso recibimos críticas por abrirnos, la distancia entre ambos se convertirá en un abismo.
Deja que tu pareja te influya y aprende a ceder: Esta pauta va para la gente terca y cabezota. Todo el mundo tenemos mucho que aprender en la vida, inclusive un servidor. Tu pareja es también un/a maestro/a de vida para ti. Deja de luchar por defender tu criterio a quemarropa y “bájate los pantalones de vez en cuando” (no en sentido sexual, que también, oye).
Arregla los problemas solubles: Cuando un problema tiene solución, lo ideal es barajar todas las posibles soluciones entre ambos e ir probando. Pero democráticamente, no imponiendo una verdad absoluta o una única forma de solución. Por supuesto los problemas irresolubles no se arreglan con la ira, sino con la aceptación y el compromiso con las otras áreas importantes de la vida.
Sal del estancamiento y pasa al diálogo: Tener un estilo de comunicación agresivo lleva a que la pareja se distancie o ceda, mientras que un estilo pasivo lleva a lo contrario, a no defender ni los derechos ni las necesidades propias. Te invito a aprender técnicas de asertividadconmigo para utilizarlas en la comunicación con tu pareja.
Crea un proyecto de vida juntos: Quizá desde hace tiempo, tu pareja y tú sois como dos compañeros de piso que duermen juntos y a veces ni eso. ¿Qué valores personales vais a cultivar? ¿Mejorar la relación con las familias de origen? ¿Tener un hijo? ¿Hacer juntos alguna actividad lúdica? ¿Estudiar un idioma? ¿Apuntaros a un taller de arte? ¿Ir juntos a hacer ejercicio? ¿O simplemente ir al cine de vez en cuando? Todo dependerá de vuestros intereses comunes.
Sobra decir lo importante que es tener relaciones sexuales para reconquistar a la pareja. Siempre desde el consenso mutuo y sin imposición.
Comunica cosas positivas: Basta de quejas, malas noticias o reproches, dile todos los días varias cosas positivas a tu pareja (cumplidos, buenas noticias o alguna anécdota divertida).
Haced actividades juntos: Deja a los niños con los abuelos y márchate con tu pareja a tener una cenita romántica, a tomar algo y al final de la noche, un “buen final feliz. “ ¡Ojo! Prohibido hablar de tareas, gestiones de problemas o de obligaciones durante esa actividad.
Pon límites a los abusos de poder: Si tu pareja te está tratando injustamente dale una oportunidad para que cambie, no cedas y párale los pies cuando se pase contigo. No cedas ante ese abuso, ni mires para otro lado. Eso sí, si tu pareja te está maltratando, como en los casos del ciclo de laviolencia de género. No hay oportunidad que valga. Por drástico que suene, lo mejor para ti y para tus hijos es poner fin a la relación. ¡Pide ayuda!
Gestiona tu ira: Te invito a leer un artículo que hice sobre este tema, en este link. Cuando empieces a notar los primeros indicios de la ira, márchate a un lugar tranquilo para serenarte (el baño, una habitación, etc.) Respira profunda y lentamente contando de 100 a 0 de 3 en 3. Deja de pensar en lo que te ha ofendido porque entonces te encenderá más. Hasta que se te haya pasado todo el enfado, no salgas de tu lugar de tranquilidad. Luego retoma la palabra donde la dejaste e incluso podrías decirle a tu pareja qué cosas te molestan, sin responsabilizarla o reprocharle. Recuerda que seguramente se debe a alguna trampa vital que se ha activado por lo que la otra persona ha dicho. La fórmula no sería “Me has dicho X y por tu culpa…”, sino más bien, “Cuando dices X, me siento…”
Escucha empáticamente a tu pareja: Por mucho que te cueste, concédele al menos un par de minutos al día para lograr este propósito. Tu pareja se sentirá comprendida y te corresponderá.
Puede que vuestro caso lleve arrastrando problemas desde hace años y hay un gran deterioro en la relación, o en la salud mental de alguno de los miembros de la pareja. En cualquier caso, si venís a consulta os recibiré con los brazos abiertos para resetear la relación y tener una convivencia más sana. ¡Recuerda! No siempre la separación o el divorcio es la solución, pues tendemos a cometer los mismos errores con distintas parejas.
Basado en los trabajos de Mc kay y Lev, 2008; Young, Klosko y Weishaar, 2015; así como de otros autores cognitivo-conductuales.
Te escribo para hablarte de algo muy íntimo, como es tu vida sexual. Cuando hablo de deseo hipoactivo me estoy refiriendo a una disminución continuada en el tiempo del deseo sexual y de fantasías sexuales, ya sea hacia tu pareja o hacia otras personas. A pesar que antes sí las tenías, o que siempre has tenido claro que te gustaban las mujeres y/o los hombres, pero en la situación que te encuentras ahora no tendrías sexo con nadie.
No sabes a qué se debe esto, pues no tienes ninguna enfermedad médica que te lo impida, ni estás tomando ninguna medicación, no tienes una edad muy avanzada, ni tampoco estás viviendo unas circunstancias “fuera de lo común.”
El caso es que tu relación de pareja cada vez a peor, tu pareja te reprocha que ya no tengas sexo con él o con ella. Este es un motivo de discusión habitual, tu pareja te dice que se siente que ya no te atrae o que no se siente una persona atractiva y te culpa por esto. Otro aspecto que te puede reprochar tu pareja es que a falta de relaciones sexuales no podéis ser padres, pero esto te ejerce más presión aún para tener esos encuentros sexuales que tanta pereza te dan. Si no tienes pareja, no tienes el más mínimo interés por tenerla, ni siquiera relaciones esporádicas “para desfogarte.”
Antes que tu deseo se disminuyera, pudo haber diversos motivos para que tu situación derivase en esto, posiblemente no veas que tienen que ver tu falta de apetencia y estas circunstancias: Quizá tenías problemas de pareja muy frecuentes por motivos de convivencia y no te apetece intimar después de discutir; puede que hubieran problemas de comunicación, confianza mutua, celos, posesividad o incluso infidelidades; quizá uno de los dos no disfrutaba del sexo al 100% o le resultaba aburrido; puede que uno de los dos sea poco cariñoso a la hora de expresar el afecto, las caricias, o había poco juego erótico, con un sexo muy centrado únicamente en la penetración; quizá piensas que el sexo es algo sucio y tu pareja «está siempre caliente»; puede que hayas tenido problemas para excitarte porque alguno de los dos ha descuidado la apariencia física o la higiene personal; si eres hombre tenías problemas de eyaculación, o para mantener la erección; si eres mujer te dolía mucho la penetración o no llegabas al orgasmo; si tu pareja es de tu mismo sexo/género a lo mejor teníais problemas con los roles sexuales o dolor en la penetración; quizá tienes unos gustos sexuales un tanto atípicos, como ciertos fetichismos u otras “parafilias legales”; puede que hayas conocido a otra persona, te estés enamorando y no te atreves a decírselo a tu pareja; o puede simplemente que ya no estés enamorado/a de tu pareja y que ya no te atraiga.
Hablar de todo esto con tu pareja te resulta difícil, te da vergüenza o sientes te él o ella no comprende lo que te pasa. Puedes contar conmigo para poder salir de este problema, ya sea ayudándote en solitario o con tu pareja.
La carta que hoy te escribo trata sobre el cambio que dio tu vida desde que falleció aquella persona que era tan importante para ti hace más de un año. Este suceso te afecta mucho en tu relación con el resto de tu familia, amistades, en el trabajo o en tus estudios.
Es normal cuando se pierde recientemente a un ser querido sentir tristeza, ira, enfado, culpa, abandono, impotencia, apatía o incluso hacerse una coraza ante dichos sentimientos. Los pensamientos habituales que te acompañan son la incredulidad, la confusión, las imágenes mentales de la persona fallecida, darle muchas vueltas a ciertos temas sobre esa persona, e incluso verla o escucharla a pesar de que sabes que no está viva, aunque tú te niegas a aceptarlo.
Además de todo esto, puedes tener problemas gastrointestinales, en la garganta, taquicardia, te molesta el ruido, los lugares bulliciosos, evitas a la gente, no comes, no duermes y quizá has comenzado a beber mucho. Otras personas, en cambio, aumentan su actividad para no pensar o sentir.
Puede que te cueste horrores lidiar con los sentimientos que afloran ante ciertas fechas, circunstancias u objetos pertenecientes a la persona fallecida. De hecho, puede que no te desprendas jamás de ellos, o incluso dejes su habitación tal cual estaba en vida.
Básicamente la inmensa mayoría de las personas pasan por esto durante los primeros meses del duelo, pero puede que sin darte cuenta, ya haya pasado más de un año desde que falleció aquella persona tan importante y no lo acabas de aceptar o hacer tu vida normal, puede que las otras personas de tu entorno lo lleven mejor que tú, algo que tú no ves bien o no terminas de comprender.
Todo esto lo manifiestas a día de hoy con una gran culpabilidad por asuntos no resueltos con la persona fallecida; con pensamientos sobre la muerte muy a menudo, sin ganas de vivir o hubieras prefiriendo dar tu vida por la de aquella persona; con sentimientos de inutilidad continua por no haber podido evitar la muerte de esa persona; tus movimientos son lentos y costosos como si el cuerpo te pesase un quintal; tu familia, amistades, compañeros , profesores o jefes se quejan de como se ha deteriorado tu desempeño en las tareas de la casa, en tus estudios o en el trabajo; en cualquier caso, puede que no escuches o veas a la persona fallecida, pero algo te hace sentir que está ahí presente contigo.
Si esta carta es el retrato de tu vida actual, no dudes en contactar conmigo para desahogarte, asimilar la pérdida, aceptarla y comenzar a darle un nuevo sentido a tu vida, juntos podemos seguir remando ante la incesante corriente de la vida.
El motivo de mi carta es porque hace unos meses viviste un incidente de cuyo recuerdo no puedes desprenderte. Me estoy refiriendo a que experimentaste un acontecimiento muy doloroso en persona o lo vivió alguien de tu entorno. Este acontecimiento pudo ser una agresión física o sexual hacia ti o hacia alguien de tu entorno, o bien no pudiste remediar la muerte de alguien a quien querías, o quizá sobreviviste a una catástrofe, incendio o accidente.
Un día puntual tras unos meses desde aquel acontecimiento, comenzaste a tener recuerdos angustiosos involuntarios, eran como imágenes intrusas que venían a tu mente. Puede que sueñes con el incidente, con unas pesadillas muy vívidas y reales. Puede que a momentos sientas que estás volviendo a revivir aquel incidente, generándote un enorme estrés, palpitaciones, sudores fríos, problemas gastrointestinales, siendo en el peor de los casos que sientas que estás viviendo en el pasado o que tu vida diaria fuese una pesadilla de la que no puedes despertarte. Puede que pienses que estás perdiendo el contacto con tu propio cuerpo, tu identidad, la realidad o con el momento presente.
A todo esto le sumamos que hay elementos o personas que asociaste con aquel incidente y te hacen rememorarlo o revivirlo. Por ese motivo, has empezado a evitar todo esto intentando no pensar, no sentir, a las personas implicadas, o a aquel lugar. Pero lejos de funcionar, notas que este mal se hace más potente.
Tu estado de ánimo ya no es el mismo desde entonces, sientes miedo, rabia, asco, culpabilidad o vergüenza, te resulta imposible sentir emociones positivas, como la alegría, la satisfacción o el cariño, de hecho te sientes distante de los demás y no tienes ganas de estar con ellos. Tu manera de pensar también ha cambiado, ahora tienes una visión de que el mundo o las personas son peligrosos, o que no puedes valerte por tu propio pie para lidiar con él. Ya no disfrutas de tu día a día o de las pequeñas cosas que antes te hacían feliz. Puede que no recuerdes nada de aquel acontecimiento, pero los elementos que van parejos a él te ponen de los nervios. Quizá tus familiares o personas cercanas te digan que has distorsionado el recuerdo, aunque tú discrepes con ellos sobre esto.
En cualquier caso, sientes que no puedes relajarte o bajar la guardia porque la amenaza podría regresar en cualquier momento. Por esta razón estás alerta, te asustas con facilidad, estás irritable, entras en cólera sin provocación alguna comenzando a insultar a otros o a agredirles, además tienes conductas autodestructivas e imprudentes. Y para colmo, no puedes concéntrate, descansar o dormir, por lo tanto este estado se acentúa.
En el ejercicio de algunas profesiones puede aparecer este problema que te cito; Como en el caso de algunos policías que han sido asaltados, han sobrevivido a un atentado o han intervenido en dichas circunstancias; Bomberos que han sobrevivido “de milagro” a un incendio, o han visto a personas calcinadas; También hay militares supervivientes a un conflicto bélico, o a situaciones parecidas y que vuelven a revivir el incidente aun estando de regreso en casa con la familia; Y por supuesto, los profesionales de la salud en la situación de alarma sanitaria actual donde están teniendo el mayor estrés de su vida profesional, trabajando de sol a sol en una situación que les desborda y les está pasando factura.
Sea la circunstancia que sea, estoy aquí para escucharte, ayudarte y afrontar todo este estrés que no te deja vivir, que te está consumiendo a diario. Cuenta conmigo para encontrar la salida a esta situación.
Antes del estado de alerta actual por la COVID-19, el lavado compulsivo de manos es una conducta de alivio de ansiedad muy común los TOC de contaminación.
Estimada persona;
Hoy te escribo para hablarte de un problema que tiene mucho que ver con tus pensamientos, tus hábitos y la constante ansiedad que sientes.
Me refiero a pensamientos, ideas o imágenes mentales que aparecen “de sopentón” en la pantalla de tu mente de manera intrusa, como una publicidad spam en tu ordenador. Son muy desagradables y su contenido produce mucha ansiedad, pues son altamente incómodas y nada tienen que ver contigo, algunas son; contagiarte de una enfermedad (antes de la situación actual de la pandemia de la COVID-19), la muerte de seres queridos, incomodidad ante el desorden, seguimiento al ultranza de reglas y normas, ideas de agredir a alguien que quieres física o sexualmente, o que tu casa pueda explotar si no vas a comprobar el gas.
La única manera que has encontrado para plantarle cara a estas ideas, pensamientos o imágenes son una serie de conductas repetitivas que te ayudan a mitigar la ansiedad a corto plazo, pero a la larga cada vez se hacen más fuertes, frecuentes e inesperadas. Por este motivo cada vez te lavas las manos más veces (no como medida preventiva), cuentas mentalmente números, cierras la puerta un número de veces, rezas varias veces, compruebas muchas veces el gas o intentas mantener el orden por encima de todo, entre otras cosas.
Hace tiempo que sabes que perdiste el control de tu mente, tus emociones y tu conducta, pero no puedes remediarlo. Sabes que son ideas exageradas pero el miedo y la ansiedad te superan, por ende, no puedes ignorarlas sin más o espantar esas ideas intrusas de tu mente.
El origen de este mal estuvo en estilos educativos durante tu infancia o adolescencia con padres, familiares o profesores muy miedosos, rígidos o “ultradisciplinados” que te han sobreprotegido porque pensaban que el mundo era peligroso, te han exigido demasiado y te han dejado poco tiempo para relajarte o sentir placer, o simplemente han pregonado con un ejemplo no apropiado. Al repetir muchas veces los mismos mensajes e ideas se acabaron internalizando, cuando la preocupación te venía con frecuencia a la cabeza, no te quedaba otra que actuar de alguna manera, incluso aunque fuera “tocar madera.”
Lo cierto es que cada vez disfrutas menos de la vida, tienes cada vez más escrúpulos, te consideran una persona muy testaruda, eres más perfeccionista, “tienes más manías”, eres más exigente y tienes muchos problemas con la ansiedad.
Tus relaciones sociales, familiares o de pareja también se han resentido por tus inflexibles comportamientos exagerados o tus conversaciones monotemáticas.
Si quieres volver a tener tu mente libre de estas obsesiones y rituales compulsivos, puedes contar conmigo para ayudarte a superar esta aflicción. ¡Juntos romperemos el ciclo!