En esta terapia integrativa se trabajan las Trampas Vitales y sus manifestaciones a través de los Modos de Esquemas.

¿Fracasas buscando parejas que siempre siguen un mismo patrón? ¿Son todas iguales?
¿Eres tan exigente contigo y con los demás que no puedes relajarte lo más mínimo?¿Te dicen que tienes mucha rigidez?
Posiblemente tengas alguna Trampa Vital…
Los Esquemas son el fruto de las Necesidades Emocionales Básicas insatisfechas en la vida de la persona. La gente del entorno del menor no supo cómo cubrirlas, y luego en la adultez, la persona no es consciente de esta deficiencia, pero si del malestar que le genera cada vez que se le activa en situaciones parecida.
¿Cómo se originaron las trampas vitales?

Cuando se dan las carencias emocionales, hay facetas de nuestra personalidad que no han desarrollado la madurez necesaria para sobrevivir en el mundo de los adultos con las exigencias que eso implica.
Son esas carencias que la gente va arrastrando a lo largo de su vida, cayendo una y otra vez en la misma trampa. Volviendo a sentir de nuevo aquella necesidad que en su tiempo no fue cubierta.
Conexión: La persona necesita sentir que le quieren, aceptan, validan, que los demás son de fiar, que le entienden, que no le comparan, que no le van a dejar y que pertenece.
Autonomía: Tener identidad propia, sentirse útil, sentirse a salvo en el medio y tomar las propias decisiones
Disciplina: Tener límites en ciertos comportamiento y autocontrol.
Libertad de expresión: Poder expresar asertivamente los pensamientos, emociones y necesidades respetando los ajenos, incluso aunque no estemos de acuerdo.
Espontaneidad y juego: Poder ser como somos, divertirnos, jugar y relajarnos.

Estas experiencias tóxicas son:
1. Tener demasiado de algo bueno. Cuando una persona crece con exceso de protección o de recompensas, no aprende a esforzarse para lograr metas y no adquiere la competencia de desenvolverse por sí sola en el mundo. El resultado es una persona miedosa, perezosa, dependiente, exigente e impulsiva.
2. Tener muy poco de algo bueno. También conocido como frustración tóxica. La persona crece sin validación, respeto, cariño, comprensión, cuidados, empatía o sentimiento de pertenencia. El resultado son sentimientos de aislamiento, soledad, baja autoestima, no sentirse conectado a los demás y no desarrollar las habilidades necesarias para tener relaciones sociales satisfactorias.
3. Victimización o Traumatización. El menor crece en un ambiente donde los padres dependen demasiado de él para cuidados, siendo su pañuelo de lágrimas. O bien recibe muchas críticas o abusos (verbales, físicos o sexuales). En la adultez son personas hurañas, sumisas, desconfiadas, agresivas, serviles, o demasiado críticas consigo mismas o los demás.
4. Internalización selectiva. Esta experiencia tóxica participa de todas las anteriores. Porque el menor aprende a comportarse como las personas del entorno imitando sus comportamientos, tanto para lo bueno como para lo malo. Aprende a no comunicarse, a no expresar sentimientos, a criticar, a tratar mal a los demás, a someterse, o a sobre exigirse.
Todas estas experiencias dejan secuelas en la salud mental de las personas a lo largo de toda su vida, por eso las llamamos «Trampas Vitales.»
¿Cómo se siguen perpetuando las Trampas Vitales en el presente?

Ante un peligro físico las personas se quedan paralizadas, huyen, o luchan; mientras que el peligro es emocional (que es lo que nos supone un Esquema), entonces la parálisis se vuelve rendición (nos domina el Esquema), la huida se convierte en evitación (escapamos del Esquema), y la lucha se torna sobrecompensación (hacer lo contrario al Esquema).
Ej. Juan se siente malo, feo y defectuoso, especialmente por dentro (Esquema de Imperfección), por eso cuando el Esquema se activa se rinde ante él asumiendo que es verdadero, cuando trata con la gente evita intimar para que no le conozcan de verdad, y cuando está en el trabajo lucha por aparentar ser perfecto (sobrecompensación).
¿Cuáles son las 18 Trampas Vitales?
DOMINIO 1: Trampas Vitales producidas por déficit de conexión y apego seguro.

Es la creencia de que tarde o temprano todo el mundo te acabará abandonado y te quedarás totalmente solo/a.
El abandono se origina por una ruptura en el vínculo de apego con un familiar durante la infancia o la adolescencia, puede ser por fallecimiento, divorcio o que el niño lo viva como «un abandono emocional», es decir, que venga un nuevo miembro a la familia y se deje de ser el centro de atención.
El mantenimiento se este esquema en la etapa adulta se produce a través de los estilos de afrontamiento ineficaces en las relaciones de pareja: el sujeto puede asumir el abandono como verdadero rindiéndose y buscando a personas que no están disponibles para una relación estable; puede evitar las relaciones de pareja o el compromiso por completo; o pueden sobre-compensar con la posesividad y los celos, que lejos de ser románticos, acaban agobiando a la pareja, abandonando esta efectivamente la relación (la profecía autocumplida).

Las personas con este esquema se pasan la vida con el temor de ser engañadas, insultadas, manipuladas o algún otro tipo de perjuicio. Las personas que se suponen que tenían que protegerlas no lo hicieron a una temprana edad.
En efecto, esta suspicacia constante es fruto de haber sufrido malos tratos en las primeras etapas de la vida, la persona puede haber sufrido acoso escolar (Bullying), desarrollando un sentimiento de que la gente en el mundo exterior no es de fiar. O bien pueden haber recibido humillaciones, palizas, gritos o abuso sexual por parte de familiares o de personas «del círculo de confianza.»
En la adultez, siguen cayendo en esta trampa vital mediante los ya mencionados estilos de afrontamiento ineficaces: Se pueden rendir al esquema buscando parejas que abusan de ellas verbal, física o sexualmente; pueden evitar intimar con la gente o ser muy recelosas con su vida íntima llena de secretos; o bien pueden sobre-compensar volviéndose maltratadores para evitar que le vuelvan a utilizarla o a maltratadores como les pasó en la niñez o la juventud, comportándose con los demás como les trataron a ellos.

El esquema de la imperfección se manifiesta a través de un sentimiento de ser defectuoso, malo, indeseado por los demás, inferior o sin valor. Todo esto se manifiesta a través de un poderoso sentimiento de vergüenza por como una persona es. No siempre tiene por qué deberse a un defecto físico, aunque tienden a considerarse poco atractivos, a veces las personas que caen en esta trampa vital piensan que el defecto está en su manera de ser, en su esencia, en lo que son. Por ese motivo son hipersensibles a las críticas, al rechazo o a la culpabilización.
El origen se debe al crecimiento en un entorno ultra exigente, hipercrítico y con tendencia a la comparación desfavorablemente con otros. Los artífices pudieron ser los padres, hermanos, abuelos, profesores, entrenadores o compañeros de clase.
Tras grabarse a sangre y fuego estos sentimientos, al igual que otras trampas vitales, esta se perpetúa a través de los estilos de afrontamiento ineficaces; la persona puede buscarse amigos críticos o una pareja que le menosprecie (rendición); puede intentar agradar a todo el mundo para no recibir la crítica no mostrando su manera de pensar o sentir, e incluso evitando las relaciones más próximas por miedo «a que descubran sus defectos» (evitación); o bien ser crítico con todo el mundo, rechazando a los demás y aparentando ser perfecto (sobre-compensación), como suelen hacer las personas con rasgos narcisistas.

Este esquema va sobre la falta de cariño incondicional, comenzando los primeros años de la vida, como ocurre con los demás y permaneciendo en la edad adulta, donde se manifiesta con un potente sentimiento de «nadie me quiere de verdad.» Estas personas se sienten incomprendidas y que nadie llegará nunca a cubrir su deseo de tener un apoyo emocional razonable.
El caso es que cuando alguien les entrega su amor incondicionalmente pierden el interés, les parece que se trata de «alguien fácil» por quien no ha tenido que luchar. Lo que puede parecer un cliché de películas románticas, esconde serios problemas en las relaciones, llegando incluso a perdonar infinitas infidelidades de la pareja en casos extremos.
El origen condiciona el tipo de manifestación que mostrará esta trampa vital a lo largo del ciclo de la vida, tomando tres posibles formas:
1- Ausencia de cuidados: Falta de atención, compañía o afecto.
2- Ausencia de protección: No recibir suficiente guía y consejos
3- Ausencia de empatía: La falta de escucha, comprensión, de alguien que se abra y comparta sus sentimientos.
Las personas siguen cayendo en esta trampa de adultos, buscando parejas o amistades tan ausentes en afecto como lo fueron sus padres durante su crianza. Una vez más los tres estilos de afrontamiento ineficaces están detrás de la continuación de estos problemas: Una persona puede rendirse al esquema buscando parejas que no estén disponibles emocionalmente (casados, etc), les atraen las personas frías y no les piden que satisfagan sus necesidades; también puede evitar estos sentimientos al no comprometerse en relaciones íntimas, siendo un individuo solitario; o puede sobre-compensar siendo muy exigente con el afecto en relación a la pareja, la familia y los amigos.

Se caracteriza por un sentimiento de estar aislado del resto del mundo, de ser diferente a los demás y no pertenecer a ningún grupo o comunidad.
El término «alien» significa extraño, en parte porque el entorno social excluye al sujeto. Esto le hace sentir que es «un bicho raro», el cual, no encaja en ninguna parte. En efecto, a diferencia de otros esquemas, el origen de este no está en la negligencia de cuidados o educación de la familia, sino en el entorno social de la infancia. El niño pudo sufrir acoso escolar (Bullying), sintiendo que no pertenecía al grupo y por eso abusaban de él. O bien, viajaba mucho por motivos laborales de sus padres y no pudo «echar raíces» en ningún lugar. Siempre era «el nuevo.»
Ya de adulto, la persona utiliza los estilos de afrontamiento al estrés ineficaces para intentar lidiar contra este sentimiento de marginación, pero la falta de habilidades sociales y la falta de conciencia de este déficit dificultan el proceso de integración social: El sujeto puede rendirse ante la trampa vital centrándose más en lo que difiere de los demás que en sus similitudes; puede intentar escapar de este sentimiento evitando las situaciones sociales y los grupos de personas (no significa que evite tener pareja); o bien puede contraatacar el esquema, adaptándose como un camaleón a cualquier grupo, con el coste de perderse a sí mismo y su asertividad. A veces otra forma de sobre-compensación es la involucración excesiva en los grupos o el patriotismo extremo.
DOMINIO 2: Trampas Vitales producidas por déficit de autonomía y sentirse útil.

Este esquema trata sobre un potente sentimiento de incompetencia, respaldado por la creencia de ser incapaz de gestionar las propias tareas cotidianas con eficacia, como son el cuidado personal, resolver problemas del día a día, realizar juicios críticos apropiados, iniciar nuevas responsabilidades o tomar buenas decisiones. La persona se siente y se muestra indefensa.
El origen de esta trampa vital está en la crianza dentro de una familia complicada que resta autonomía al niño, debilita la confianza en sí mismo, es sobre-protectora y no le alienta a que actúe competentemente fuera del entorno familiar. Ya de adulto, las expectativas que la persona tiene sobre sí misma o el contexto que le rodea, son un escollo para la diferenciación personal en intereses, sobrevivir o funcionar independientemente con satisfacción.
Estos sentimientos, creencias y conductas dependientes se refuerzan a través de los estilos de afrontamiento ineficaces; la persona ya adulta puede rendirse al esquema pidiendo ayuda a personas significativas (padres, pareja e incluso hijos) para que se hagan cargo de las obligaciones propias de adultos, como asuntos financieros; el individuo puede evitar el esquema no afrontando nuevos retos que le otorguen más autonomía, como aprender a conducir; o bien puede sobre-compensar con tanta confianza en sí mismo que no pide ayuda incluso en situaciones en las que cualquier persona adulta la solicitaría, como cuando te lesionas y necesitas que te cuiden, o levantar objetos muy pesados aún a riesgo de hacerse daño, etc… A este patrón sobre-compensatorio se le llama «el contra-dependiente.»

Tras una proximidad emocional bastante palpable, se oculta una excesiva implicación emocional con personas significativas como la pareja, los hijos o los padres. El precio a pagar es la pérdida de la propia identidad individual característica de una persona adulta. Es un proceso de apego es mutuo, es decir, se da por ambas partes de la relación. Es muy frecuente en gemelos univitelinos, llegando a no tener «un Yo» por separado.
Con frecuencia estas personas creen que serían incapaces de ser felices sin el apoyo de la otra parte. En casos extremos la persona siente que no puede sobrevivir sin su figura de apego. Esto desemboca a veces en la asfixia por alguna de las dos partes.
Los sentimientos más frecuentes son estar vacío como un pelele que no tiene voluntad, que la vida no tiene sentido y en casos severos se llegan a cuestionar su propia existencia.
La semilla de este esquema, es una educación familiar donde se tiran por tierra los intentos de hacer las actividades en solitario y la búsqueda por separado de intimidad.
Las personas con esta trampa vital se buscan relaciones de pareja o amistad con un tipo de apego que no deja espacio personal. Esto se manifiesta a través de los tres estilos de afrontamiento ineficaces que alimentan a largo plazo el entrampamiento: En los casos de rendición vemos a personas adultas contándole su vida sexual a su madre, otras veces viven a través de su pareja como «un satélite que gira en torno a otro planeta»; en otros casos ocurre que la persona intenta escapar de esta trampa vital evitando las relaciones de intimidad con los demás o permaneciendo muy independiente; por último, otros sobre-compensan convirtiéndose en todo lo contrario a lo que son las figuras de apego, en gustos, ideas, hábitos y tendencias, hasta el punto de llegar a temer por la más mínima afinidad.

Lo más prominente de este esquema es el miedo atroz hacia una posible catástrofe que pillará por sorpresa a la persona o su círculo y no tendrán las herramientas necesarias para afrontarla. A pesar de no tener ningún indicio que confirme que dicho acontecimiento pueda ocurrir y que los demás pueden ver objetivamente que no hay peligro aparente. Hay tres temas sobre los que suele ir esta trampa vital.
a- Catástrofe médica. Por mucho que cuides tu salud, tienes un miedo constante a sufrir un ataque al corazón, contagiarse del VIH (aunque uses condón), padecer cáncer, etc…
b- Catástrofe emocional. Una intranquilidad continua por no poder nunca bajar la guardia. Un temor muy frecuente es que puedas volverte loco, o padecer un trastorno psicológico insuperable, a pesar de no haber tenido antecedentes.
c- Catástrofes externas. Este miedo va vinculado sobre todo a la vulnerabilidad absoluta ante el entorno que te rodea, como tener un accidente, ser despedido y quedar en la indigencia, que se estropee el ascensor contigo dentro, que te explote la casa por el gas, que te atraquen o te roben, etc…
Si rastreamos los orígenes de la trampa vital vemos como maestros a unos padres miedos, hipocondríacos e inseguros. Ellos consideran el mundo un lugar muy peligroso o que son muy débiles para afrontar dichos peligros. El niño crece aprendiendo estos miedos de su entorno familiar, unos temores que se refuerzan por sobre-protección. En otros casos es la falta de cuidado, protección, atención o la vivencia de abusos (físico, verbal o sexual) por parte de alguno o ambos progenitores, lo que propicia que el niño no se sienta seguro ni es su propia casa.
En la vida adulta, el individuo afronta este esquema de manera ineficaz de tres maneras, las tres opciones producen el mismo efecto, que es la reproducción de la trampa vital y la perdurabilidad de una generación a otra: La persona puede rendirse asumiendo el esquema como verdadero y está en continuo temor por algo malo que vaya a ocurrirle, por eso pide constantemente que le reafirmen que está a salvo o que no le ocurrirá nada, unas veces al entorno socio-familiar, otras al doctor de turno; La persona puede escapar de sus sentimientos de terror participando en la evitación fóbica de las situaciones temidas; Por último, la persona puede sobre-compensar luchando contra el esquema mediante el control, con rituales obsesivos como los TOC, leyendo los prospectos “con lupa”, cuidando al extremo la alimentación, o comprobando todo para que no ocurra nada «peligroso». Otra manera, aunque menos usual, es comportarse de manera temeraria o imprudente para llevarle la contraria al esquema, como tener sexo sin protección, conducir a toda velocidad bebido, etc…

Este esquema gira en torno a la creencia de haber fracaso, o que en el futuro la persona va a ser “un don nadie”. Las áreas donde la persona se siente como una perdedora son el trabajo, los estudios, el deporte o cualquier otro ámbito que requiera dedicación. Los mensajes que pululan por la mente del individuo son acerca de ser un estúpido, un inepto, tener poco estatus social o tener muy mala suerte en la vida.
Estos sentimientos de ser incapaz de lograr el éxito provienen de la interiorización durante toda la infancia o adolescencia de críticas destructivas de padres, profesores, hermanos o compañeros que han acabado instalándose en la identidad del propio sujeto. Otro posible origen es crecer sin que le hayan asignado tareas y se lo hayan dado todo hecho, así, la persona de adulta piensa que no sabe hacer absolutamente nada, porque nunca ha tenido la autonomía necesaria para desenvolverse con eficacia.
En la vida adulta, la gente con esta trampa vital suele buscarse parejas dominantes y controladoras que no les dejan hacer nada, tal y como hicieron sus padres, volviendo a vivir el “déjalo que tú no sabes.” Al compararse con sus amistades, la persona siente que no ha llegado tan lejos como los otros. Además de esto los tres estilos de afrontamiento ineficaces suelen perpetuar este esquema: La persona puede rendirse haciendo las tareas sin disciplina, esta actitud caprichosa puede llevar al despido o al suspenso de exámenes en la universidad, reforzando así el sentimiento de fracaso; Otra opción es que la persona evite de estos sentimientos de fracaso no asumiendo cargos superiores en una empresa de mayor responsabilidad o desafío, o que se dedique a posponer tareas; Por último, la persona puede sobre-compensar luchando contra el esquema volviéndose alguien excesivamente competente, pero a costa de no descansar nunca y una extrema adicción al trabajo.
DOMINIO 3: Trampas Vitales producidas por déficit de normas, responsabilidades y disciplina.

La prepotencia en estado puro. La creencia central es que se es superior a los otros, por lo tanto, se merece unos derechos y privilegios especiales, ya que, “no es un/a cualquiera.”
Estas personas no tienen unos límites realistas y les gustaría hacer todo lo que quisieran sin importar la violación de los derechos de otras personas. Después de todo, carecen de empatía y no ven la vida como “un camino de doble vía”, sino como “todo para ellos.”
Son egocéntricos, arrogantes, dominantes, violentos y solo les importa una cosa: ellos mismos.
Creen que merecen codearse con la élite porque tienen exageradas fantasías de grandeza, prestigio, dinero, éxito y fama. Que desgraciadamente la cultura occidental fomenta en demasía. Por eso a veces para recalcar su poder y reafirmarse se vuelven competitivos, tercos y pisan los sentimientos o necesidades ajenas para satisfacer las propias.
Este esquema tiene dos orígenes, el más común, como una sobre-compensación de esquemas como la privación emocional, exclusión social o la imperfección. A esto se le denomina “Narcisismo frágil”. El origen que más se está dando en los tiempos actuales por la falta de inculcar límites, reciprocidad, normas, obligaciones y el exceso de regalos o mimos, es “la grandiosidad del mimado.” Los padres actuales están muy ocupados trabajando, no pueden pasar tiempo educando a los hijos y el poco tiempo que pasan con ellos son excesivamente permisivos, por eso hay tantos jóvenes con problemas de conducta. Cuando a estos “niños mimados” han crecido en una casa donde se lo han dado todo, se produce también el esquema de dependencia, se trata de hombres y mujeres que no saben hacer nada y buscan “un/a tonto/a que les cuide”, esto sería “la grandiosidad del dependiente”, o como los llamamos hoy día “la generación Ni-Ni.”
Este esquema se mantiene por los conocidos estilos de afrontamiento, sobre todo porque obligan a los demás a seguir sus normas (rendición al esquema), se buscan situaciones o personas donde puedan asumir el liderazgo. Evitando las situaciones donde no pueda comportarse como superior e imponer su norma.
Aunque tienden a buscar parejas sumisas, las personas con este rasgo narcisista, acaban bastante solas, acto que ellos interpretan como envidia por parte de los otros, pero en el fondo esto alimenta su sentimiento de sentirse excluido, poco agradable a los demás o integrado; la pescadilla que se muerde la cola.
Naturalmente esta gente solo viene a consulta presionados por la familia o la pareja, o por otra situación con ultimátum. “¿Para qué van a querer cambiar si ya son perfectos?”

Comúnmente se le conoce con el nombre de Impulsividad. El esquema se presenta como un rechazo o dificultad hacia tener el autocontrol necesario y tolerancia a la frustración para expresar las emociones de manera exagerada o los propios impulsos. Todo esto interfiere en los objetivos personales. Estas personas están habituadas a conseguirlo todo rápido y sin esfuerzo, prefieren “el pan para hoy y el hambre para mañana.”
Cuando esta trampa vital es leve, la persona es perezosa, holgazana y evita la incomodidad: Ya sea escapando de situaciones dolorosas, los conflictos, recibir una confrontación de los demás, el cansancio, así como responsabilidades. El precio a pagar es comprometerse en un trabajo, unos estudios, una relación de pareja u otro tipo de situación propia de adultos, esto deriva en una gran insatisfacción.
Esta es la trampa vital más relacionada con el consumo de sustancias, las adicciones, el sexo compulsivo sin protección, expresión de conductas agresivas, etc.
La niñez de estas personas está marcada por un exceso de recompensas, conseguir todo lo que se quiere sin esfuerzo, no haber aprendido a gestionar adecuadamente la frustración y en muchos casos unos padres que suplían su ausencia de cuidados y atención con dinero, teléfonos móviles, videoconsolas, etc… El resultado es un desarrollo sin límites y sin aprender hasta donde se tiene que llegar, por eso al más mínimo contratiempo la frustración deriva en ira o pataletas propias de un niño malcriado. En definitiva, nunca aprendieron a ganarse lo que tienen con esfuerzo. Si en la adolescencia ya los padres se lo dan todo “gratis”, ¿para qué esforzarse en estudiar una profesión y más adelante un trabajo?
En la vida adulta lejos de decaer este patrón, tiende a reforzarse mediante los tres estilos de afrontamiento ineficaces; pocos son los casos de sobre-compensación, donde la persona se vuelve excesivamente responsable y disciplinada sin descanso, lo más habitual es la rendición al esquema donde abandona a la primera de cambio una tarea que presente algo de dificultad. O bien puede escapar del esquema evitando trabajar, estudiar o asumir cualquier tipo de responsabilidad o compromiso.
¿Quién quiere seguir siendo Peter Pan toda la vida?
DOMINIO 4: Trampas Vitales producidas por déficit de libertad y respeto.

Como su nombre indica, este esquema va sobre ser sumiso “estando bajo el yugo”. Es ceder en exceso al control ajeno o a la intimidación, sobre todo para evitar la ira, represalias o el abandono. Esta trampa vital se presenta de dos maneras:
I. Subyugación de necesidades: Represión de los propios deseos, decisiones y gustos.
II. Subyugación de emociones: Inhibición de la expresión de sentimientos, en especial la ira.
Habitualmente estas personas creen que sus deseos, opiniones o emociones no son válidos o no son del interés de los demás. Estos adultos tienen comportamiento de “niño/a bueno/a”, son cumplidores al extremo e hipersensibles al sentimiento de indefensión o estar atrapados. Por regla general, todo esto les hace sentir mucha ira que se va acumulando hasta que se manifiesta con explosiones de ira, conductas pasivo-agresivas, consumo de drogas, retirada del cariño o la palabra, somatizaciones e “interpretación de un papel”(dando a los demás lo que quieren ver).
La familia de origen que dio vida a este esquema daba al niño un amor condicional, debía suprimir su libertad y otras necesidades importantes a cambio de recibir el amor, la atención y la aprobación de sus padres. Aquí se valoraban más la compostura, las apariencias o el estatus social que las necesidades emocionales del niño. Otro posible origen, es crecer en una familia donde la libertad se penaliza con severidad y no se respeta ni al niño ni a sus necesidades.
Ya en la vida adulta, la persona sigue cayendo en esta trampa de por vida, pues la afronta con tres formas ineficaces: La rendición, buscando trabajos con jefes dominantes, parejas controladoras, egoístas o agresivas, así como, amistades explotadoras. La persona se deja llevar y controlar por su círculo y que tomen las decisiones en su lugar por miedo a las consecuencias o el abandono; otra forma es la evitación de situaciones donde puedan haber conflictos, donde la persona nunca defendería su punto de vista; por último, la persona puede sobre-compensar revelándose contra las figuras de autoridad, estos “rebeldes sin causa aparente” a veces llegan a comportarse como niños que tienen rabietas para hacer respetar torpemente sus derechos.

Este esquema se esconde tras un disfraz de bondad y altruismo. Consiste en un exceso de atención hacia los demás para satisfacer sus necesidades a expensas de descuidar las propias. A diferencia de la subyugación, el autosacrificio es voluntario.
Los motivos por los cuales la persona tiene este patrón de conducta para evitar perjudicar a otros, para no sentirse egoísta o culpable por mirar por sí misma, así como mantener la conexión con personas necesitadas en el entorno.
No todo en este esquema es negativo, con moderación podría ser sano, porque estas personas son sensibles al sufrimiento y el dolor ajeno. Pero al final acaban descuidándose, quemándose y co-dependiendo de otras personas que le necesitan. Nuestros valores culturales fomentan esta figura, de hecho la caridad extrema es un ideal donde lo das todo sin pedir nada a cambio. Por otra parte, es uno de los esquemas más frecuentes entre los profesionales de la salud.
El origen de este esquema suele ser el crecimiento en una familia donde uno o ambos progenitores estaban siempre enfermos, el niño tuvo que prescindir de solicitar la satisfacción de las necesidades normales de todo niño, por satisfacer las de su padre o madre. Aprendió que si reclamaba lo que era suyo en esas condiciones era propio de egoístas, por lo tanto, el niño asimiló que sus necesidades no importaban, solo las de los demás; Otro posible origen son otros posibles esquemas, como el abandono, la privación emocional, la exclusión social o la imperfección. De esta forma, la persona lo da todo por ganarse el cariño, la aceptación y la permanencia de los demás a su lado.
En la adultez, la persona tiende a utilizar los tres estilos de afrontamiento para sobrellevar la culpa o el egoísmo; Puede rendirse negándose sus propias necesidades, teniendo relaciones de pareja dependientes que necesitan que las cuiden, o amistades que no saben valerse para el día a día con muchos problemas; Puede escapar de este esquema evitando las relaciones cálidas con los demás; Por último, cuando necesita de la escucha o de la ayuda de otros y nadie está ahí para corresponderle con reciprocidad porque los demás están acostumbrados a una vía de una sola dirección. Esto puede llevar a sobre-compensar a la persona enfadándose con los otros y mandando “a freír espárragos” a dicho círculo de gorrones, dejando de hacer cosas por los demás.

Se trata de otro esquema que se produce por estar excesivamente centrado en los demás y no tener libertad para ser uno/a mismo/a, de una manera que la persona considere válida. Se presenta como un énfasis excesivo por obtener la aprobación, el reconocimiento o la atención de las demás personas, el coste a pagar es no tener un Yo o una identidad segura y auténtica.
La autoestima de estas personas depende única y exclusivamente de cómo reaccionen los demás y no tanto por sus inclinaciones naturales (lo que le gustaría hacer de verdad sin importar la opinión de los otros).
Las manifestaciones suelen ser una exageración en la importancia del estatus social, del aspecto (vistiendo ropa llamativa y llegando a conductas de tipo exhibicionista), la aceptación social, el dinero o los logros. En síntesis, quieren estar bien vistos por los demás para que les admiren, les aprueben y sean el centro de atención (histrionismo).
Tras todo este teatro, la persona toma decisiones que estén valoradas por el entorno y no tanto por ella misma, con lo cual nunca llega a tener una vida satisfactoria, aumentando así la sensibilidad al rechazo.
A diferencia del auto-sacrificio, aquí estamos ante unas actitudes algo vanidosa en algunos casos o demasiado modosita en otros. Normalmente aprendidas de los padres o el entorno durante la infancia o la adolescencia. A la familia le importaba más el estatus social o “el qué dirán” que lo que realmente quiere el niño hacer con su vida. Por eso hay muchas personas que han estudiado carreras que no les gustaban de verdad, en parte obligadas por los padres. Otro posible origen es haberse sentido invisible durante la crianza, por abandono, por privación emocional, exclusión social, imperfección o algún otro esquema por falta de autonomía. En cierto modo, es una llamada a gritos a los demás por la falta de atención recibida.
Durante toda su vida la persona adopta los tres estilos de afrontamiento para encarar a ese sentimiento de invisibilidad: Puede rendirse a la trampa vital tomándola por verdadera, aquí su vida gira en torno a impresionar a los demás, comprando objetos caros, yendo al gimnasio, presumiendo de los logros pero esas altivas actitudes de “mírame” acaba cansando a la gente y los terminan abandonando (profecía auto-cumplida); la persona puede escapar evitando a la gente cuya aprobación anhela, teniendo pensamientos del tipo “hoy no estoy lo bastante maquillada para que él me vea”; o bien puede sobre-compensar pasando desapercibida o comportándose mal con los demás para ganar su desaprobación. En cualquier caso, la persona está tan atenta a lo que otros hacen o le dicen, que podría dedicar ese tiempo a tomar sus propias decisiones y tener la libertad de ser ella misma.
DOMINIO 5: Trampas Vitales producidas por déficit de juego y espontaneidad.

Si en la impulsividad hay déficit de disciplina, este es el otro extremo, un exceso de ella. En este esquema hay una creencia central de que la persona debe esforzarse por cumplir con unas normas inalcanzables de comportamiento, habitualmente motivadas por evitar las críticas. Estas personas viven bajo presión y son incapaces de bajar el ritmo, como un coche que con tal de ir rápido va quemando su motor. A menudos son excesivamente críticos consigo mismos y con los demás, pues nada vale salvo que sea perfecto.
El sacrificio que la persona hace es la pérdida del placer, la relajación, pérdida de la salud física o mental, pérdida de la autoestima, deterioro en las relaciones sociales y la sensación de nunca lograr los objetivos vitales por mucho que haya progresado. Después de todo, “siempre se pueden mejorar las cosas”, ¿no?
Habitualmente esta trampa vital adopta tres posibles formas, eso no quiere decir que la persona que padezca este esquema deba presentar las tres, naturalmente:
1. Perfeccionismo: ojo avizor a todos los detalles y tendencia a tirar por tierra todo lo que hace por mucho esmero que ponga. Ej. Un 9,5 no es una buena nota porque podría haber sido un 10.
2. Reglas rígidas: Además de pasarse el día con “el debería en la boca”, estas personas siguen la ética, la moral y las tradiciones a pies juntillas.
3. Preocupación por el tiempo: No se sienten lo bastante eficaces y necesitan cumplir con más objetivos, lo que resulta agotador tanto para ellos como para la familia, los compañeros, los empleados o los amigos que se cansan de este patrón o de que les den largas.
La familia donde se gestó este esquema durante la niñez y la adolescencia daba un amor condicional, no eran cariñosos con el niño salvo que destacase en algo, como son las notas escolares, el deporte o la música. Al ser tan exigentes, se acostumbraban pronto a los méritos y el niño cayó en el bucle de querer lograr más para ganar la atención, el cariño y el respeto de los padres. La espontaneidad, la relajación y el juego pasaron a segundo lugar, en pos del control y la disciplina férrea donde los errores o los fracasos no estaban bien vistos. Otro posible origen del esquema es que las metas inalcanzables sean una sobre-compensación de otros esquemas como la privación emocional, la imperfección, el abandono o la alienación.
En el presente como adultos, el esquema perdura a través del refuerzo por parte de los tres estilos de afrontamiento ineficaces: La persona puede rendirse dedicando un tiempo desmedido a hacerlo todo perfecto, corrigiéndose a sí misma una y otra vez sin delegar nunca la tarea en los demás; También puede evitar o posponer tareas que serán criticadas; O sobre-compensará haciendo las cosas despreocupadamente o ignorando las normas, aun pudiendo hacerlas mejor por tener capacidad para ello.
Aunque la cultura actual fomente esta trampa vital y sea uno de los núcleos del TOCP, ¿para qué aspirar a tantas metas y tan grandiosas si te pierdes a ti mismo o a tu salud por el camino?

“La introversión en persona”. Es una excesiva inhibición de comportamientos, sentimientos o comunicación espontánea, sobre todo para no ser criticados, sentir vergüenza o por miedo a “perder los papeles” con la ira.
Las demás personas las ven frías, poco comunicativas, tímidas y muy rígidas. Sus expresiones emocionales están muy mermadas, por eso, a los demás les cuesta entender o saber lo que están sintiendo o pensando. Suelen buscarse parejas espontáneas, cálidas y divertidas, pues “su parte sana” anhela nutrir ese déficit.
Sobre todo, hay cuatro áreas en las que suelen reprimir sus sentimientos:
Expresión del enfado o la ira: parecen que nunca se enfadan y si lo haces ni te enteras por su cara de póker.
Impulsos positivos: Nunca les verás reírse a carcajadas o comportarse “como niños” en contextos desenfadados. Les cuesta mucho expresar emociones positivas como la alegría, el cariño, estar en plan juguetón o la excitación sexual.
Nunca se muestran vulnerables: No muestran sus defectos, su tristeza, miedo o ansiedad, ni tampoco sus necesidades. Ya sabéis “los hombres no lloran.”
Son excesivamente racionales: “Emocionarse es malo porque puede nublar la cabeza.”
El origen habitual de este esquema es el aprendizaje observacional de un progenitor que presenta este mismo patrón de comportamiento, toda una “maldición familiar.” Normalmente más común en el padre que en la madre por los roles de género. Otro posible origen es un estilo educativo súper-disciplinado donde no se ve bien la expresión emocional, dedicar tiempo a jugar o les criticaban por expresar sus sentimientos.
Ya en la vida adulta, los estilos de afrontamiento ineficaces se encargan de mantener “el status quo”: Puede rendirse manteniendo emocionalmente la compostura y estando emocionalmente plano como una cáscara vacía; Puede evitar situaciones en las que se expresen sentimientos o se discutan; O pueden sobre-compensar con charlatanería o siendo el centro de atención de manera torpe y artificial.
Estas personas nunca serán la alegría de la huerta, ni el alma de la fiesta y mucho menos una de disfraces.

¿Cómo ves el vaso? La característica más notoria de esta trampa vital es la focalización continua de la atención solo en las cosas negativas de la propia vida y del entorno: La muerte, el dolor, las pérdidas, los conflictos, la desilusión, los posibles errores, el resentimiento, problemas pendientes, la traición y que las cosas puedan ir a peor.
Además obvian o no prestan atención a lo bueno que hay en sus vidas o en el entorno. Es como si llevasen unas gafas de sol todo el tiempo que les hacen verlo “todo negro.”
Son catastrofistas, piensan que las vivencias buenas y positivas no durarán mucho porque perderán el trabajo, se arruinarán o se quedarán sin las personas del entorno. Naturalmente, con este punto de vista son incapaces de tener esperanza, disfrutar de los aspectos positivos que tienen o les redan y mucho menos ser felices. Ni que decir tiene que, “la auto-ayuda barata” o los pensamientos “new age” les resbalan como si de una pastilla de jabón se tratase. Por eso, para ellos, los errores pueden ser fatales y los causantes de una catástrofe que cause las pérdidas ya mencionadas y sin una posible vuelta atrás. Su estilo de vida habitual se resume a quejas constantes, preocupaciones, estar siempre alerta o indecisión crónica para no “meter la pata.”
Hay dos posibles orígenes de este esquema, uno puede ser un familiar o persona significativa que inculcó todas estas creencias durante la infancia y/o la adolescencia. O bien la persona vivió un acontecimiento tan traumático como para perder la alegría de la juventud, como puede ser pérdida temprana de los padres, sobrevivir a un accidente, malos tratos, violaciones, bullying, sobrevivir a una guerra, quedarse su familia en la indigencia, etc…
Como pasa con el resto de los esquemas, esta negatividad acompaña de por vida a la persona por utilizar los tres estilos de afrontamiento ineficaces: La persona puede rendirse buscando selectivamente “el lado malo de las cosas”, preocupándose por todo o intentando “darlo todo” para que las cosas no salgan mal; O bien puede escapar de su infelicidad “ahogando las penas” en el alcohol o en la comida; O en cambio, puede sobre-compensar con un optimismo irracional e irrealista que niegue las realidades que son desagradables.
Lo más peligroso de este esquema es que hace a la persona muy vulnerable a la Depresión crónica o al Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG).

Tienen la creencia de que las personas deberían de ser castigadas con dureza por sus errores. Esto se manifiesta con furia, intolerancia, impaciencia y violencia con uno mismo y los demás. Sobre todo porque no se satisfacen sus altas expectativas (posiblemente metas inalcanzables). Como son altamente rígidos, no suelen perdonar ni perdonarse por los errores, pues no se tienen en cuenta las circunstancias que llevaron a cometerlos. Son incapaces de tolerar la imperfección humana y empatizar con los demás.
El origen suele ser el criarse en un entorno muy castigador por cualquier nimiedad, padres que suelen pegarle a sus hijos, profesores “que parecen sargentos”, y entornos religiosos radicales que condenan a modo de “fuego y azufre” culpabilizando (“por tu culpa, tu culpa, tu gran culpa.”). Una vez que la persona crece no necesita que el entorno castigador esté presente, el fantasma de aquellos que le castigaron habita dentro de ella y es ella misma quien se castiga. En casos extremos con autolesiones.
Este patrón no decae, sino que se mantiene por los tres conocidos estilos de afrontamiento: La persona se puede rendir tomando el esquema como verdadero y se trata a sí misma o a los demás de manera castigadora, como por ejemplo resaltado los propios defectos físicos frente al espejo, hablando mal de sí misma o con mucho odio propio; Puede evitar a otras personas por miedo a que les castiguen o critiquen; O bien pueden sobre-compensar siendo demasiado blando y no poniendo unos límites bien establecidos.
¿Tan terrible es cometer errores? Son nuestros mejores maestros…
¿CÓMO SE MANIFIESTAN LAS TRAMPAS VITALES A TRAVÉS DE LAS PERSONAS?

LOS modos de esquemas

La mayoría de la gente se puede identificar con la idea de que todos tenemos diferentes caras o versiones de nosotros mismos. A estas versiones podríamos llamarles “Modos”, ya que nuestro patrón de pensamiento, sentimientos y comportamiento varía temporalmente.
Los Modos son mucho más inestables que los rasgos de nuestra personalidad. Pues si la personalidad es consistente y estable, estando formada por rasgos que suelen ser permanentes (esquemas), el Modo es un estado de ánimo que se produce por unas circunstancias concretas.
Una persona va aprendiendo a comportarse, sentir y pensar a lo largo de toda su vida a través de las vivencias con otras personas y situaciones que le rodea. Estas nuevas vivencias se añaden a la experiencia previa. Por ejemplo, si Julián es el primer pelirrojo que he conocido en mi vida, cuando conozca a otra persona pelirroja me recordará a él, así con todo, incluso con las situaciones negativas también.
Ciertamente, es muy frecuente que ante ciertas circunstancias dolorosas, volvamos a recordar el mismo sufrimiento, que sentimos en aquel entonces y lo re-experimentemos. Incluso sintiéndonos como la persona que fuimos hace años. Cuando una situación nueva es muy parecida a una anterior, funcionan como “botones emocionales”, que desencadenan un efecto en nosotros activándose un estado de conciencia concreto por un tiempo.
Los Modos son como manifestaciones de los esquemas, “sus avatares”. Cuando las Necesidades Emocionales Básicas de una persona adulta no está cubierta, se activa un Esquema Disfuncional Temprano concreto (Trampa Vital), y esta se manifiesta a través de un Modo disfuncional o varios. Cuando las necesidades emocionales están cubiertas, los Modos que se activan son saludables. Por ejemplo, si Pepe sufrió burlas por parte de los vecinos de su barrio cuando era niño, al salir a la calle y oír a gente reír le puede hacer entrar en el Modo de “Niño Abusado” (vulnerable) que tuvo en aquella época sin ser consciente de ello.
Young y sus colaboradores (2003) encontraron 10 Modos, aunque actualmente se considera que hay un total de 16, que se pueden agrupar en cuatro categorías: Modos Niño (la conciencia vuelve a la infancia sintiendo lo mismo que aquel entonces); Modos Críticos Disfuncionales (la integración de los mensajes castigadores y exigentes de nuestro padres o figuras del entorno); Modos de Afrontamiento (la reacción ante el estrés del sujeto por las circunstancias o por los mensajes de los Modos Críticos); Modos Saludables (las necesidades emocionales básicas están cubiertas y la persona es plenamente funcional).
Cuando una persona pasa de un Modo a otro, se le llama Giro de Modo. Ej. La secuencia: Modo Crítico Punitivo, Niño Vulnerable, Cómplice Rendido.
Los Modos se van fortaleciendo a lo largo de la vida del sujeto. Por eso, la salud mental no es cuestión de “todo o nada”, cuanto más fuerte son los Modos sanos mejor ajuste psicológico tiene la persona, mientras que la potencia de los Modos disfuncionales y las Trampas Vitales se asocia con trastornos de la personalidad y otras patologías psicológicas crónicas.
Modos Niño Innatos
Los Modos Niño son muy visibles porque la persona adulta comienza a comportarse como el niño o la niña que fue. Son Modos innatos, representan las emociones básicas con las que nacemos los seres humanos (todo el mundo nace con los cuatro Modos Niño). Las vivencias de la primera infancia hará que unos Modos Niño se fortalezcan y otros se debiliten.

Vivir un acontecimiento concreto que nos recuerda una situación dolorosa del pasado donde no se cubrieron las necesidades emocionales básicas hace que se active este Modo. Si bien es cierto que todo el mundo siente emociones negativas, en el Modo Niño Vulnerable no lo sientes como adulto, sino que tu conciencia pasa a ser la misma que tuviste en ese momento doloroso de la infancia.
Cuando una persona está en Modo Niño Vulnerable muestra miedo, vergüenza, ansiedad, tristeza, agobio o indefensión de manera desproporcionada y excesiva. Es como el sentimiento de ser un niño solo ante el mundo, que necesita del cuidado de los adultos para sobrevivir y que está desatendido. Por eso se siente la necesidad desesperada de un padre o una madre que te consuele, cuide y proteja.
Este Modo de esquemas se ha podido fortalecer durante la infancia por haber estado abandonado durante largos períodos de tiempo por los padres (niño abandonado), por padres que pegaron demasiado (niño maltratado o desconfiado), que dieron poco amor (niño con privación emocional), o que criticaban duramente a menudo (niño imperfecto o vergonzoso).
Además de estas cuatro Trampas Vitales mencionadas, otros Esquemas que pueden manifestarse a través del Modo Niño Vulnerable son el aislamiento social (por exclusión del grupo de iguales), la dependencia (por falta de autonomía), el entrampamiento (por falta de espacio personal), el fracaso (sintiendo que no se es capaz) y la vulnerabilidad al peligro o la enfermedad (sobre-protección o infra-protección). En Síntesis, los Esquemas de los Dominios 1 y 2.

Todo el mundo siente ira o rabia, pero a diferencia de la ira normal, un adulto con este estado de conciencia, muestra una pataleta colérica, excesiva e inapropiada como la de un niño, dejando de pensar, sentir y actuar como una persona mayor. El comportamiento típico es que la persona se muestra rebelde, actúa con terquedad, grita, agrede verbalmente y puede tener impulsos violentos o fantasear con ellos.
Por lo general, las personas con un Modo Niño Enfadado potente han tenido una infancia o adolescencia con muchas carencias de apoyo, cariño, respeto y han sido muy maltratadas o excluidas. En efecto, el desencadenante suele ser sobretodo considerar que han sido injustos con ellos como lo fueron en aquella época, o sentir que algunas de sus necesidades emocionales básicas no han sido cubiertas. Es en esas circunstancias cuando este Modo suele acompañar al Niño Vulnerable que está manifestando alguna trampa vital activa, porque alguien le ha abandonado, maltratado, privado de cariño, excluido o le han intentado subyugar. En cambio, cuando la persona ha tenido una infancia donde le han consentido hacer de todo sin límites o control, es el Modo Niño Impulsivo quien acompaña al Modo Niño Enfadado mostrando una pataleta como un niño mimado que se enfada al no poder “salirse con la suya.” Suele ir asociado a los Esquemas de los Dominios 1 y 2.

Cuando este Modo se activa vemos a adultos comportándose de manera excesivamente desinhibida, “incivilizada”, dejándose llevar por los placeres de manera irresponsable. El comportamiento típico es el de un niño caprichoso y malcriado al que no le han enseñado disciplina, haciendo todo lo que le apetece sin tener en cuenta las consecuencias a largo plazo o el daño que causa a los demás.
Las personas con un Modo Niño Impulsivo potente compran en exceso, consumen alcohol u otras drogas en demasía, tienen relaciones sexuales sin protección con desconocidos, no les gusta estudiar, no quieren trabajar, se dejan llevar por los impulsos agresivos y son groseros, etc… Lo que coloquialmente la gente llama “Un Peter Pan” o los famosos “Ni-Nis.»
La impulsividad es innata y a medida que la persona se desarrolla se va apaciguando, pero no es así en todos los casos. Cuando este Modo se fortalece en exceso durante la infancia o la adolescencia es por la falta de límites por partes de los padres, ya sea por estar ausentes y no marcarles unas pautas disciplinarias, o bien por evitar desagradar a sus hijos confrontándolos (sobre todo en casos de padres divorciados). Influye el no enseñarle las consecuencias de los actos, no guiarlos y no fomentar la empatía de cómo se sienten los demás. Por otro lado, el exceso de regalos o conseguir los objetivos de manera fácil sin esfuerzo, lleva a que tengan tolerancia cero a la frustración por eso se habitúan a no plantearse objetivos a largo plazo.
Las Trampas Vitales que se suelen manifestar a través de este Modo son la Grandiosidad y la Impulsividad (Dominio 3).
Modos Críticos Disfuncionales
Los Modos Críticos Disfuncionales son la internalización de las figuras parentales, profesores, abuelos, tíos, hermanos mayores u otras figuras de autoridad con las que hemos convivido durante la niñez y la adolescencia.
Cuando la persona entra en uno de los dos Modos Críticos, su conciencia se convierte en la de su propio padre o madre, y pasa a tratarse a sí mismo como ellos lo hicieron durante la niñez. Naturalmente no todo lo que se aprendió de estas figuras fue disfuncional, también contribuyeron al Modo Adulto Sano.
Es frecuente ver a la gente replicando la voz del padre o la madre cuando hablan de sí mismos, actuando, pensando y sintiendo como sus progenitores u otras figuras.

El Modo Crítico Punitivo es el Modo más ponzoñoso de todos. Cuando la persona está en este Modo se sanciona, critica y limita como le hicieron sus padres, en los casos más extremos llegan a pegarse a sí mismas e incluso a autolesionarse.
Este Modo suele activarse en las mismas situaciones donde la persona durante su niñez expresó sus necesidades emocionales básicas o cometió errores y los padres u otras personas le pegaron, criticaron o le privaron de algo bueno. Por eso este Modo suele castigar al Modo Niño Vulnerable.
Ni que decir tiene, que las personas con un Modo Crítico Punitivo potente, no solo han sido maltratadas y buscan amistades o parejas que también las tratan mal (no de manera consciente), sino que además tienen muy mal ajuste psicológico y son muy proclives a padecer trastornos depresivos crónicos.
Hay que tener en cuenta que las personas buscan lo que les resulta familiar, si un individuo se desarrolla en un entorno hostil, negligente y agresivo, no espera que en la vida haya otra cosa. Por eso los Esquemas que se suelen manifestar en este Modo son los del Dominio 5.

Es la asimilación de una educación espartana donde estaban presentes la presión, las expectativas excesivamente altas e irrealistas, así como, los altos niveles de responsabilidad hacia otros. Cuando este Modo se activa, la persona se trata así misma con el autoritarismo que recibió en su niñez o adolescencia. En este Modo se siente obligada a que todo salga “perfecto”, a cuidar de los demás antes que de sí misma y a dejar de lado las necesidades propias de relajación, espontaneidad, esparcimiento y libertad.
Las personas con un Modo Crítico Demandante potente, les enseñaron sus padres o figuras de autoridad a tener que cumplir con unos objetivos muy elevados para su edad a cambio del cariño, en algunos casos, le atribuían el cuidado de familiares enfermos en lugar de cuidar de sus propias necesidades. Ellos fueron “padres de sus padres”. Y no se les permitía bajar la guardia o dedicarse tiempo propio bajo ningún concepto. Eran muy exigentes y les culpabilizaba si las cosas no se hacían como ellos querían.
Por este motivo, el Modo Crítico Punitivo hace que la persona sea muy vergonzosa, mientras que este Modo contribuye al sentimiento de culpabilidad por todo.
Este estado de conciencia se da en personas obsesivas, rígidas y proclives a padecer trastornos de ansiedad crónicos.
Las trampas vitales que suelen dar la cara a través de este Modo, son las del Dominio 5.
Tener ambiciones es sano, pero en este grado es altamente perjudicial.
Modos de Afrontamiento Desajustados
Estos Modos son un esfuerzo por parte del niño por a adaptarse a vivir sin sus necesidades emocionales cubiertas en un contexto tóxico. Fueron eficaces durante la infancia y la adolescencia de la persona, pero en el mundo de los adultos dejan de ser funcionales y refuerzan los Esquemas (Trampas Vitales).
Los Modos de Afrontamiento Desajustados consisten en comportamientos y se definen como un uso excesivo de los estilos de afrontamiento ante el estrés, cuyo fin es la supervivencia (rendición, lucha y huida) .Tienen el objetivo de proteger a la persona de experimentar angustia (por ejemplo, tristeza, ansiedad, ira, miedo). Debido a que estos Modos suelen ser inconscientes, los Terapeutas de Esquemas ayudamos a los pacientes a tomar conciencia y a utilizar otros comportamientos más sanos y ajustados a largo plazo, para poder satisfacer sus necesidades emocionales básicas propias de una persona adulta (conectar con los demás, ser uno mismo, controlar la propia vida, respeto propio y a los demás). Aunque son Modos que todo el mundo tenemos, tradicionalmente se les ha llamado mecanismos de defensa, pues estos comportamientos pueden explicar los síntomas del trastorno de personalidad.
Hay un total de 9 Modos de Afrontamiento: El Cómplice Rendido (rendición), los Modos de Evitación son el (Protector Alejado, el Protector Evitativo, el Autotranquilizador Separado y el Protector Enfadado) y los Modos de Sobrecompensación o lucha extrema (Matón-Ataque, el Buscador de Aprobación, el Auto-agrandado y el Sobrecontrolador Perfeccionista).

El Modo Cómplice Rendido se rinde para evitar un trato más severo o que las cosas vayan a peor, es un sometimiento al Esquema que se activa en un momento dado, o ante los mensajes destructivos de los Modos Críticos Disfuncionales. La persona en este Modo asume como verdadero el esquema o los mensajes tóxicos sin cuestionárselos siguiera. Ej. “Es que toda la vida he sido un inútil y no puedo hacer nada contra eso.”
Las personas con un Modo Cómplice potente, tienen un estilo de comunicación pasivo, no defienden sus derechos, son serviles y obedientes como “niños buenos”. No saben valerse por sí mismos, por eso dependen de los demás porque se sienten indefensos ante el mundo o frente a figuras poderosas.
Este Modo es fruto de un temperamento tranquilo y dócil, junto con un entorno donde una de las figuras parentales es opresora y otra es sumisa. Una enseña a obedecer y la otra es un modelo a seguir, así el menor aprende a dejarse dominar por los demás y a hacer lo que dicen para evitar represalias. Por eso suelen buscarse parejas sobre-compensadoras, porque están acostumbrados a ser controlados y a que otros tomen la iniciativa.
Los Esquemas que se manifiestan a través de este Modo son entre otros: la subyugación, el auto-sacrificio, la búsqueda de aprobación, el fracaso, la dependencia y el entrampamiento.
Aunque todos actuamos así en determinadas ocasiones, cuando este Modo está casi omnipresente estamos refiriéndonos a un Trastorno Dependiente de la Personalidad.

MODOS DE AFRONTAMIENTO DE EVITACIÓN
Son la internalización del escape o la evitación como estilo de afrontamiento. Las personas entran en estos Modos para evadirse o protegerse del Esquema (Trampa Vital) cuando se activa, así como de los mensajes ponzoñosos de los Modos Críticos Disfuncionales. El estilo de evitación basado en la huida se traduce en una retirada física, psicológica o social con el fin de impedir o prevenir el malestar emocional que produce la activación de los Esquemas o las voces de los Modos Críticos. El objetivo es proteger al Modo Niño Vulnerable.

PROTECTOR ALEJADO
En este Modo la persona se aleja, aislándose de sus necesidades y sentimientos.
Aunque este Modo parece reducir las emociones dolorosas, no es plato de buen gusto y sabotea el acceso de la persona a lo que realmente quiere o necesita. Puede que la persona esté físicamente presente, pero mentalmente está en otro mundo. Actúa con “el piloto automático.”
Aparentemente es una persona seria y adulta, porque nos han hecho creer que la seriedad es signo de salud y responsabilidad, nada más lejos de la realidad. La persona está metida en un blindaje. Se muestran fríos, poco emotivos y bastante sosos. Sobrevaloran la razón frente a las emociones, llegando al punto de estar robotizados.
Las personas con un Modo Protector Aislado potente son frías, se sienten “huecas”, adormecidas “con el piloto automático”, no les gusta implicarse emocionalmente con los demás o en actividades, para luego no tener decepciones o evitar que les hagan daño.
Este Modo se potencia por haber vivido a lo largo de la vida en contextos de soledad, o excesivamente castigadores, críticos y traumáticos. El menor aprendió a protegerse de los ataques y del vacío de la soledad metiéndose en la armadura, hasta el punto que su refugio se convirtió en su prisión y ahora no se atreven a vivir fuera de ella en el mundo adulto. Como le ocurrió al “Caballero de la armadura oxidada.”
En consulta este Modo es el más común en pacientes que “no sueltan prenda” y hay que sacarle la información con cuchara. En realidad no lo hacen para resistirse, sino para proteger a su Modo Niño Vulnerable del miedo, de otras emociones dolorosas que pueda provocar el psicólogo al hablar de los problemas que le traen a consulta.
Cuando un Esquema se activa, los Modos Críticos Disfuncionales suelen presentarse como pensamientos irracionales o voces que castigan o exigen al Niño Vulnerable, por eso la función de este Modo es cobijarlo de todos esos ataques que generan malestar emocional, pero a costa de conectar consigo mismo.
Aunque todos tenemos este Modo, los trastornos de la personalidad donde suelen ser más potente y frecuente este Modo son el Esquizoide y en grado superlativo en el Esquizotípico.

AUTOTRANQUILIZADOR SEPARADO
Con miras a apagar la emoción tan incómoda que siente la persona, recurre a distracciones tóxica, que si bien es cierto en su justa medida no son perjudiciales, en exceso autodestruyen a la persona.
La persona busca el placer para evitar el dolor, pero no podemos escapar de nuestros Esquemas y el malestar emocional que nos producen.
Cuando hablo de distracciones tóxicas me refiero en tareas que mantienen la cabeza ocupada, cuyo precio es no poder cubrir verdaderamente las necesidades emocionales básicas. Pueden ser actividades estimulantes como abusar de los video-juegos, el porno, el sexo compulsivo, trabajo excesivo, juegos de azar, o abusar de las drogas estimulantes. O por el contrario pueden ser actividades tranquilizantes como tener atracones de comida, ver la tele durante horas y horas, tomar benzodiacepinas no recetadas, llevarse todo el día en la cama o en el sofá, estar todo el día con el móvil, abuso de alcohol o de tabaco.
La persona se queda distraída, tranquila, pero no hace actividades que le llenen de verdad, como estudiar, quedar con gente, salir a pasear u otro tipo de actividades saludables. Este Modo está omnipresente en todas las adicciones.
¡Recuerda, usa los placeres solo para divertirte, no para escapar del mundo o de tus sentimientos!

PROTECTOR EVITATIVO
En este Modo, la persona se retira físicamente, evitando actividades sociales, trabajos, o cualquier situación social donde sienta que se trata de una amenaza para su estabilidad emocional.
A corto plazo la persona evita la ansiedad, el miedo o la vergüenza que experimenta cuando está con los demás o en lugares concurridos, a la larga no cubre sus necesidades de conexión social e integración. ¡Quien no arriesga no gana!
La persona es experta en cambiar de rumbo cuando se topa con conocidos que no le agradan, por dar largas en las reuniones, por no acudir a citas con el médico, por su creatividad en excusas y mentiras, y por entretenerse en mil cosas con tal de no cumplir con una obligación del mundo adulto.
Evitar situaciones peligrosas en justa medida es sano, recurrir a este Modo para afrontar todo acaba por no hacer nada y aislarse físicamente, a este patrón le llamamos Trastorno Evitativo de la Personalidad.

Cuando una persona está en este Modo, intenta protegerse elevando un muro de enfado para mantener las distancias con los demás. A veces físicamente para mantener la distancia de seguridad por motivos de la pandemia, otras porque no está de humor para aguantar a nadie.
El lenguaje no verbal de la persona es agresivo, desagradable, punzante y a la defensiva. Pero no para hacer daño a los demás, sino para tenerlos alejados, como un perrito miedoso que saca los dientes para intimidar. Se suele poner la espalda rígida, la cabeza alta, mirada intimidatoria y los brazos cruzados a la altura del pecho (para proteger los órganos vitales).
Tras una máscara de dureza se esconde al Modo Niño Vulnerable, sobre todo por miedo, ansiedad, vergüenza, tristeza u otra emoción incómoda. Pero a la larga rompe la conexión con los demás y no cubre sus necesidades.
Este Modo lo tenemos todos en un momento dado, sin embargo es muy poderoso en el Trastorno de la Personalidad Pasivo-Agresivo.
Ya sabéis “perro ladrador, poco mordedor.”

MODOS DE AFRONTAMIENTO DE LUCHA EXTREMA (SOBRECOMPENSACIÓN)
Es la internalización de la lucha como Estilo de Afrontamiento. Las personas entran en estos Modos para contraatacar al Esquema (Trampa Vital) cuando se activa, así como ante los mensajes venenosos de los Modos Críticos Disfuncionales. Su táctica es hacer todo lo contrario al Esquema o a los mensajes críticos, pero llevado al extremo. Por lo tanto, también se produce un desequilibrio. El objetivo es luchar para la defensa del Modo Niño Vulnerable.
Estos Modos con moderación son casi sanos, producen seguridad en la persona y se siente con control de la situación. El problema es que genera un deterioro en el entorno social bastante acusado, quedándose solas porque los demás se hartan de ellas, y al final la persona acaba sintiéndose falsa o desconectada de su verdadera esencia.
Este estilo se gestó en un ambiente donde el niño tuvo que aprender a luchar contra las críticas, el maltrato, las exigencias, la falta de atención o cariño y el aislamiento. También si uno de los dos progenitores tenía alguno de estos Modos muy potente, el menor aprendió a usarlo tomando al progenitor como modelo.

MODO MATÓN-ATAQUE
En este Modo, la persona busca causar el dolor o el sufrimiento en los demás con conductas de acoso o ataque verbal, físico o sexual. El chantaje emocional también entraría dentro de esta categoría.
El sujeto se siente vulnerable por la activación del Esquema y se defiende “matando mosquitos a cañonazos”, para que nadie dañe esa vulnerabilidad, a veces esos comportamientos son tan extremos que evolucionan al “Submodo Predador” con actos de carácter criminal, antisocial o sádicos. En el peor de los casos es capaz de matar a otros.
Este comportamiento lo tenemos todo el mundo en momentos puntuales cuando insultamos, criticamos o humillamos a los demás, o a las malas usamos otras formas de violencia, pero cuando se hace crónico este patrón estamos hablando de un Trastorno Antisocial de la Personalidad, un psicópata.

AUTO-AGRANDADO
Cuando este Modo se activa en la gente se comporta como si tuviera licencia para hacer lo que le diera la gana, sin importar el daño que cause, comportándose de manera prepotente y grandiosa, les gusta fardar de lo maravillosos que son.
Se portan como si fueran monarcas que no tienen que seguir las mismas reglas de los demás, como hacer colas o llevar mascarilla. Les encantan que los demás les admiren y les digan “lo grande que la tienen”, metafóricamente hablando.
Tratan a los demás con desprecio o les critican para glorificarse ellos, ensalzando su valía y superioridad. Este comportamiento es fruto de una educación sin reglas, o por el contrario con deficiencias graves donde se les trató como a parias, este tipo de personas son hipersensibles a las críticas y tienen una autoestima frágil.
La gente en este Modo se siente genial, y eso les atrapa, pero esto aleja al resto de las personas, con lo cual, el sujeto no cubre sus necesidades y los Esquemas se activan más a menudo, todo un bucle. Vamos, ¡no les aguanta ni Dios!
En momentos concretos todos nos podemos poner “a sacar pecho”, pero cuando la persona vive perennemente en este Modo, estamos hablando de un Trastorno Narcisista de Personalidad.

En este Modo el objetivo se centra en controlar extremadamente los peligros reales o imaginarios sobre uno mismo, los demás o las situaciones.
Las persona desgasta muchos recursos en hacerlo todo perfecto, mantenerlo todo intacto, en el buen funcionamiento de las cosas o que no surjan imprevistos no planificados. El problema es que esto genera una ansiedad brutal y la persona no se permite descansar, por lo tanto acaba quemada, generando a su vez más ansiedad y tristeza.
La gente se acaba cansando de lo agonías que llegan a ser, actuando de forma muy quisquillosa y conservadora. Esto desemboca en que la gente les abandone y esto les genera más ansiedad que a su vez intentan controlar infructuosamente, una vez más un círculo vicioso.
Otro patrón similar en este Modo va vinculado al control paranoide propio de las personas suspicaces que pretenden controlar a los demás. En el fondo, la persona siente una gran ansiedad social, siendo al final partícipe de ella con sus actos.
Aunque a todo el mundo le gusta hacer las cosas bien y ser eficaz en su trabajo, cuando estos patrones se hacen superlativos tenemos dos trastornos de la personalidad el primero Obsesivo Compulsivo y el segundo el Paranoide.

La persona recurre inconscientemente a este Modo cuando se siente invisible o de menos y desea ser el centro de atención. El sujeto se esfuerza por ser reconocido como especial u obtener el visto bueno de los demás de manera artificial e hiperbólica.
Lo importante es sentirse importante y la persona emplea todos los medios posibles para ello: vistiendo provocativamente, luciendo dentadura, comprándose un cochazo que realce su estatus, llevando ropa cara, enseñando cuerpazo, subiendo fotos a les redes exhibicionistas donde se marcan los atributos sexuales, hablando de manera refinada.
Es como si fuera un actor o una actriz que está todo el rato interpretando un papel de protagonista, donde es el bebé en el bautizo, el niño en la comunión, el novio en la boda y el muerto en el funeral.
Cuando nadie les mira se sienten en Modo Niño Vulnerable, es decir, poco agraciados, abandonados, no queridos o insignificantes. Estos les motiva a seguir con este patrón que termina por ahuyentar a los demás.
Puede que todo el mundo actuemos así de vez en cuando, pero si es un patrón perpetuo de conducta, nos estamos refiriendo a un Trastorno Histriónico de la Personalidad.
Modos Saludables
Todos los esquemas están inactivos y las necesidades emocionales están cubiertas.

Cuando una persona se muestra desenfadada o disfrutando mucho de una situación, con comportamiento incluso infantil, coloquialmente se suele decir: “Todos llevamos un niño dentro.
A diferencia de los Modos Niño anteriores, este es saludable. El estado de conciencia del Modo Niño Feliz incluye sentirse querido, conectado con el entorno, contento, alegre, y juguetón. Básicamente satisfecho y feliz. Sobre todo porque todas las necesidades emocionales están satisfechas y ninguna de las 18 trampas vitales está activa.
Cuando un adulto está en este Modo comienza a reír sin parar, a juguetear, está tranquilo, se ilusiona, siente mucha curiosidad sana por todas las cosas que le rodea, como un niño que quiere entender el mundo sin temores. Algunas fechas como la llegada del día de los Reyes Magos, Halloween o Carnavales puede despertar el mismo entusiasmo que tenías en la niñez ante estos momentos. Ver un espectáculo de acrobacias que te deje sin pestañear, también. Otras veces se produce al estar en un grupo de gente que te quiere y acepta, mientras que en otras, simplemente ocurre jugando o yendo a un parque temático. En ocasiones oler o comer un alimento que nos recuerde a alguien que cubría nuestras necesidades emocionales en la niñez también produce este efecto. Ej. El arroz con leche de la abuela.
Las personas con un Modo Niño Feliz potente tienen una risa contagiosa, hacen bromas que no son pesadas (las pesadas son del Modo Niño Impulsivo) y cuentan muchos chistes, a veces malos. A la gente le gusta estar con ellos porque son fáciles de llevar y son cariñosos. Durante su infancia y adolescencia, su entorno les respetó, les dio la protección necesaria, les dieron amor, guía, le permitieron expresarse y ser espontáneo, pero también les dejaron bien claro cuáles eran los límites sin necesidad de emplear la violencia. Las personas con un Modo Niño Feliz muy débil suelen tener otros Modos disfuncionales mucho más potentes, no suelen disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, y en cambio, suelen tener un gran sentimiento de vacío.

Este Modo tendría que ser el que toda persona adulta tuviera por defecto, pero pretender permanecer todo el tiempo en Modo Adulto Sano es per sé, una meta inalcanzable. El objetivo de la Terapia de esquemas es su fortalecimiento pleno y usarlo para gestionar los Modos disfuncionales.
Es muy parecido al Modo Niño Feliz porque todas las necesidades emocionales están cubiertas y no hay ningún Esquema activo (Trampa Vital). Pero estar todo el rato en Modo Niño Feliz no tiene sentido porque al final no acabas de desempeñar el papel de adulto que te corresponde. Es el “ejecutivo central” de la conciencia, pues mientras que el Modo Niño Feliz es la parte emocional sana de la persona, este Modo es la parte racional, pero no desde la frialdad y la desconexión con el niño interior, pues así actuaría el Modo Protector Alejado
En los trastornos de la personalidad y los trastornos psicológicos severos o crónicos, este Modo suele estar infra-desarrollado por eso la persona “tropieza con la misma piedra” una y otra vez. Cae en las mismas trampas durante toda la vida.
Las personas con un Modo Adulto Sano potente saben cuidar de sí mismos, sabe gestionar sus emociones, conoce sus límites, puede protegerse, se respeta a sí mismo y a los demás, sabe tomar decisiones sin depender de los demás. Sabe relajarse, tomarse un respiro, cuidar de los demás sin descuidarse y amarse “con los ojos abiertos” con sus virtudes y defectos.
Por todo esto, es “el padre del resto de los Modos”, porque cuida del Niño Vulnerable, pone límites a los Niños Enfadado e Impulsivo acorde con los principios de disciplina y reciprocidad del entorno social; Gestiona las situaciones difíciles con asertividad sin escapar, rendirse o sobrecompensar; y manda a callar a los Modos Críticos Disfuncionales.
Los responsables de que este Modo se encuentre bien desarrollado en las personas, son unos padres, familiares, profesores y compañeros que han sabido forjar un vínculo estable, con seguridad, respeto, autonomía, expresividad, empatía, reciprocidad, disciplina moderada, libertad y amor (Necesidades Emocionales Básicas cubiertas).
En resumidas cuentas, el Modo Adulto Sano es nuestra mejor versión. Por eso la persona es capaz de ser ella misma, de tener el timón de su vida, se respeta y respeta a los demás, y además puede tener relaciones sociales satisfactorias con el entorno.
La base de la felicidad.
EL MANIQUÍ DEL ADULTO SANO

El Adulto Sano representa el equilibrio entre la razón y el corazón. Es el rey de los Modos, pero el caso es que nuestra historia personal no siempre ha contribuido a su desarrollo. Estamos en este Modo cuando nos aceptamos a nosotros mismos, aceptamos a los demás con compasión, disfrutamos del trabajo, tenemos paciencia con los problemas, vivimos en el presente, sentimos emociones proporcionadas (el Niño Feliz en el corazón*), cubrimos activamente nuestras Necesidades Emocionales, nos comprometemos con nuestros Valores Personales, somos asertivos, resolvemos problemas, tenemos buen vínculo con la familia, somos progenitores lo suficientemente buenos, tenemos relaciones sociales cordiales, aprendemos cosas nuevas, nos sentimos espirituales, disfrutamos del arte, tenemos sexo satisfactorio y cariñoso, somos altruistas, y hacemos ejercicio por salud o por placer (no por aprobación de nuestra apariencia).
*El Modo Niño Feliz en el Corazón: No se puede tener un Adulto Sano fuerte, sin un potente Niño Feliz. Es el reverso del Niño Vulnerable (que sería un niño desatendido y mal cuidado). Considera todas las emociones positivas aquí; alegría, felicidad, seguridad, autoestima, placer sano, humor blanco, desenfado, diversión, tener ganas de juego (no de azar), etc. Cuando una persona tiene unos Esquemas potentes de Punitividad, Inhibición Emocional y Estándares Inalcanzables, suelen actuar en el Modo Crítico Punitivo o Demandante con la persona que está en Modo Niño Feliz, diciéndole que está loca o que es muy infantil. El caso es que nunca debemos “anular” esa parte niña innata en nosotros que disfruta de las cosas, que se afana por las cosas o que se siente conectada con todo lo que le rodea. Quizá necesites hacer lo que te gusta de verdad para conectar con este Modo, pero no para evadirte.
resumen

Cuando vivimos un acontecimiento doloroso donde no se cubren nuestras Necesidades Emocionales Básicas re-experimentamos un dolor similar al que vivimos en su origen durante la infancia o adolescencia. Esta frustración de necesidades es lo que llamamos Trampa Vital o Esquema Disfuncional Temprano. Los Esquemas se manifiestan a través de los Modos, los hay emocionales (Modos Niño), los hay cognitivos (Modos Críticos) y los hay conductuales (Modos de Afrontamiento). Estos últimos están relacionados con la rendición, la lucha y la huida que son las formas que tenemos los seres vivos de afrontar el estrés ante un peligro real y físico, pero si se trata de un evento interno emocional o cognitivo, los Modos de Afrontamiento Refuerzan el Esquema. Cuando los Esquemas están inactivos estamos en Modo Adulto Sano o Modo Niño Feliz, que son Modos saludables, pudiendo cubrir nuestras necesidades de conexión, autonomía, asertividad, autocontrol, respeto, descanso y placer.
Las secuencias disfuncionales de los Modos pueden ser las siguientes:
- Esquema-> Modos Niño (emociones incómodas) -> Modos de Afrontamiento (conductas de resignarse, evitar o sobrecompensar).
- Esquema-> Modos Niño (emociones incómodas) -> Modos Críticos (pensamientos irracionales) -> Modos de Afrontamiento (conductas de resignarse, evitar o sobrecompensar).
- Esquema-> Modos Críticos (pensamientos irracionales) ->Modos Niño (emociones incómodas) -> Modos de Afrontamiento (conductas de resignarse, evitar o sobrecompensar).
Desde la Terapia de Esquemas, consolaremos a los Modos niño, los cuidaremos y regularemos; Silenciaremos los Modos Críticos; Reduciremos los Modos de Afrontamiento, sustituyéndolos por conductas más ajustadas al entorno; Alimentaremos la alegría y el bienestar del Niño Feliz; Fortaleceremos el Modo Adulto Sano.

Para resumir lo que ocurre cuando se activa un Esquema, describiré este collage de cosecha propia al que llamo, “el Guernica de los Esquemas.”
Lo primero que ocurre es que hay un estímulo que desencadena el Esquema, puede ser del mundo exterior de la persona, como un comentario de otro sujeto, un anuncio o algo que sucede en ese momento, o bien del mundo interior, como un recuerdo, un pensamiento o una emoción. En ambos casos, detrás hay una o más de las cinco Necesidades Emocionales Básicas que no está cubierta.
El Esquema se presenta como un rasgo dañado de la personalidad, por eso la máscara de niño rota, donde hay un rosario de recuerdos dolorosos, es una telaraña porque te atrapa, concretamente al Niño Feliz y al Adulto Sano, por eso no podemos pensar, sentir o actuar de manera saludable cuando se activa. E incluso debilita estos Modos.
El Esquema tiene dos emisarios poderosos, los Modos Críticos, que se manifiestan como pensamientos que castigan y exigen, disparan flechas ponzoñosas (sus voces) al corazoncito herido del niño vulnerable, que es nuestra parte emocional más sensible agazapada en una esquina. Acto seguido pueden aparecer comportamientos impulsivos o rabietas que son emociones de los otros Modos infantiles para proteger al Niño Vulnerable, que es nuestro núcleo, actuando de la misma forma que el sujeto lo hacía en su infancia, Por eso algunas personas con los Esquemas activos pueden tener conductas exageradas e infantiles.
Todo el mundo tiene sus mecanismos de defensa basados en los tres estilos de Afrontamiento clásicos, como son la rendición, la huida y la lucha. Estos Modos son los encargados de proteger al Modo Niño Vulnerable del Esquema y de los Modos críticos: Los que van en rojo son los Modos Sobrecompensatorios, esto se traducen en conductas extremas como comportamientos vanidosos, agresivos, histriónicos u obsesivos; Los que van en azul son los Modos Evasivos, la conducta que se traduce son comportamientos de hacerse el duro, adicciones, evitar personas y lugares o ponerse una coraza de racionalidad que impide el contacto con las emociones; El que va de blanco es el Modo de rendición, la conducta resultante es sumisa, servil, dócil o dogmática.
Los Modos de afrontamiento dan un alivio al niño solo a corto plazo, si sistemáticamente se activan mucho los Esquemas, los Modos críticos acabarán “matando” a los Modos de Afrontamiento. Si el vencedor es el Crítico Punitivo hablamos de un Trastorno Depresivo en el paciente, si el que gana es el Crítico Demandante, hablamos de un Trastorno de Ansiedad. Lo más común es que ganen los dos, por eso el Trastorno Mixto ansioso depresivo es tan usual.
Si la persona vive en un Modo de Afrontamiento constante, estamos hablando de un Trastorno de la Personalidad. Ej. Una persona que vive en el Sobrecontrolador Perfeccionista tendría un Trastorno Obsesivo Compulsivo de la Personalidad (TOCP), mientras que un Modo Buscador de Aprobación continuo sería un Trastorno Histriónico de la Personalidad. Las adicciones por su parte, se dan en personas que viven en el Modo Autotranquilizador Separado, buscando la estimulación o la relajación con conductas que dan placer, como la comida, el alcohol, las drogas ilegales, los videojuegos, demasiada tele, trabajo excesivo, ejercicio compulsivo o sexo desmedido.
A medida que la terapia avanza, el adulto sano desarrolla sus Trampolines Vitales (Esquemas Sanos) para poder pararle los pies a los Esquemas y a los Modos Críticos, siendo el quien dirija a los Modos de Afrontamiento y quien cuide de los Modos Niños para que sus necesidades estén satisfechas y sean felices.
Últimos descubrimientos
Los Estilos y Modos de Afrontamiento de Amir Askari.

Los seres humanos estamos equipados con una genética y un lenguaje que nos hace adaptarnos en los ambientes más hostiles, como aquellos donde abundan las amenazas, ya sean animales salvajes, guerras o vivir bajo el yugo de una sociedad opresiva.
La mayoría de los países a lo largo de nuestra historia hemos tenido gobiernos autoritarios que dictaban que comportamientos estaban permitidos y cuáles no, es entonces cuando los estilos de afrontamiento basados en la rendición, la huida y la lucha pierden parte de su eficacia por el papel tan activo que tiene la persona en ellos, por ese motivo prefieren optar por una contrapartida más pasiva, sutil y avispada que no delate las intenciones del sujeto.
Cuando vives en un país como Irán, o como la España de Franco, donde las reglas sociales son muy severas, no te queda más remedio que afrontar la vida o a los esquemas que se te activan (amenazas emocionales) de una forma más evolucionada, como descubrió el Dr. Amir Askari, psicólogo persa, y por eso estos estilos tienen su nombre. Son piezas en blanco porque son una versión discreta de su contrapartida oscura, para aparentar ser funcionales.
A día de hoy puede que vivas en un país democrático como lo es España, pero nuestros, abuelo, tíos, y padres vivieron durante la dictadura, y nos han hecho de malos modelos de estos patrones de conducta para resolver los problemas y enfrentarnos a los esquemas. Por esta razón en España tenemos “tanta guasa”, porque ser burlesco está bien visto.
Los nuevos Estilos de Afrontamiento que el Dr. Askari estudió durante 10 años son:

Estilo Indolente: Este estilo representa la reacción de desmayarse ante los problemas, que es mucho más útil que rendirse porque el individuo busca dar pena fingiendo debilidad, haciéndose el mártir, el inocente, la víctima, o “el pobrecito”. También puede dar consejos moralistas que no tienen en cuenta las necesidades del interlocutor y que a la hora de la verdad, la persona no aplica para sí misma. O puede edulcorar a su Niño Vulnerable con la dulzura de la fantasía, llenándolo de riquezas, fama, poder y especialmente amores imaginarios.

Estilo burlesco: La persona pone un muro de humor farseando el dolor del miedo, la tristeza, la ansiedad o la rabia que hay detrás (Modos Infantiles), dado que el humor neutraliza todas esas otras emociones, de manera falsa, la persona se ríe, sonríe, usa el sarcasmo, los memes, las bromas pesadas o se ríe de sí misma. El objetivo es “quitar hierro”, caer bien y relativizar los problemas. Pero la autoestima de la persona paga la cuenta y al final la gente se cansa del “payaso del grupo.” “Lo poco gusta y lo mucho empalaga.”

Estilo descuidado: Una opción alternativa de hacer daño a alguien en lugar de atacarle directamente, es tirar la piedra y esconder la mano (errar). Inventando rumores, troleando, malmetiendo a unas personas contra otras, saboteando, desorientando y mintiendo para dar una mala pauta. La filosofía de “si yo estoy jodido, que se jodan todos” tiene poco impacto en uno y un coste caro en los demás, pero al final la gente acaban rechazando a la persona por el imán tan enorme que tiene para los problemas. Rompen las reglas porque quieren y porque pueden, ellos reciben un mínimo impacto, y los demás pagan el pato.
DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA
Estilos de Afrontamiento Clásicos vs Estilos de Afrontamiento Askarianos.

Una persona puede abrir una puerta de varias formas; con la mano, con el pie, con el codo, pidiéndoselo a alguien, y todas estas conductas que tienen apariencias distintas, tienen la misma función, que es abrir la puerta. Pues lo mismo pasa con los Estilos de Afrontamiento Clásicos y los Askarianos, son diferentes en apariencias, pero cumplen una misma función; prevenir los Esquemas o los problemas del mundo exterior.
Cuando vives en una sociedad opresiva o en una familia castigadora, no puedes afrontar los problemas (o los Esquemas) de la misma manera, tienes que buscar una forma menos activa y más pasiva de hacerlo para prevenir que te sancionen, castiguen, multen, u otro tipo de represalias. Es entonces cuando la persona opta por un Estilo de Afrontamiento Askariano (afrontamiento indirecto pasivo) en vez de uno de los Estilos de Afrontamiento tradicionales (afrontamiento directo activo) Estas dicotomías se pueden presentar de las 3 maneras siguientes:
– Rendición vs Indolencia: El objetivo es no hacer nada ante el problema o ante el Esquema(paralizándose-Rendición o desmayándose-Indolencia), pero a nivel social no se ven igual; si bien es cierto que la Rendición es más activa, a ojos de los demás quedas como un flojo, un “calzonazos” o como alguien sumiso “sin personalidad.” Mientras que la Indolencia está mejor vista, porque pobrecita esa persona que es una víctima, da pena, es una mártir que se tiene que enfrentar a tantos problemas y que ha sufrido más que nadie (irónicamente hablando), dan ganas de darle consuelo, ayuda o el hombro para que llore, en lugar del rendido que dan ganas de “darle dos tortas” para que espabile. La persona rendida es pasiva porque busca la piedad “por lo bajini”, es más fácil atacar a alguien que se está rindiendo ante ti, que alguien que ya está herido (Indolencia).
– Evitación vs Burla: El objetivo es tomar distancia del malestar de los Esquemas o los problemas (huyendo- Evitación o farseando- Burla). Culturalmente una persona evitativa está vista, se considera sosa, fría, inexpresiva, de malos hábitos (“viciosa con tendencias adictivas”) o con cara de pocos amigos, como decimos los andaluces, es una “saboría.” Mientras que la persona burlesca está poniendo un muro ante el dolor o disfrazándose para “dar al mal tiempo buena cara” con sus bromas, chistes, memes, tomaduras de pelo, riéndose de sí misma, y siempre, pase lo que pase, tiene una sonrisa en la cara (aunque por dentro esté hecha polvo). La Evitación es activa (directa) y la Burla es pasiva (indirecta) a la hora de tomar distancia del dolor.
– Sobrecompensación vs Descuido: El objetivo es hacer daño o controlar el malestar que generan los Esquemas o los problemas (luchando- Sobrecompensación o errando- Descuido). Cuando una persona es dominante, controladora, manipuladora, es agresiva, prepotente o le gusta llamar la atención, puede recibir el rechazo directo de los demás, ya que se implica activamente en la pelea. Pero otra opción es hacerlo de manera sutil, indirecta y pasiva cometiendo errores adrede que “dan por saco”, pero se pasan por alto porque esa persona es “especialita” y queremos llevarnos bien con nuestro compañero de trabajo, nuestra madre, nuestro vecino, o nuestra pareja.
Los tres casos son dos caras de la misma moneda. Sean estilos pasivos indirectos o activos directos, todos alimentan los Esquemas reforzándolos porque no sirven para cubrir las Necesidades Emocionales Básicas de conexión, autonomía, libertad de expresión, disciplina, diversión y relajación que tenemos las personas.
Los Modos Askarianos
LOS MODOS DE INDOLENCIA
Los Modos de este estilo representan esa tendencia a fingir debilidad, pobreza, martirio y victimismo para dar pena a los demás, pues es mucho más útil que ser sumisos con los demás, es intentar ganarte sus corazones poniendo los ojitos del Gato con botas. Todo para pedir a los demás que cuiden del Modo Niño Vulnerable en lugar de hacerlo el Modo Adulto Sano.
Estamos rodeados de personas en sus Modos Indolentes en los Reality shows, contándote mil desgracias, soñando con el “príncipe azul”, o yendo de moralistas. Las novelas rosas y las telenovelas también fomentan esta indolencia como táctica para edulcorar los pesares de la vida (y la activación de los Esquemas). Es la representación psicológica de la reacción fisiológica del desmayo ante los problemas, pero no hacemos nada por solucionarlo. Hay 3 Modos:

Modo Victimizado: La persona le llora a los demás lamentándose de lo mal que les ha tratado la vida, siendo los más sufridores, la más inocente, y la víctima de las maldades de otros. La persona que está en este modo es dramática, usa lágrimas de cocodrilo, y se queja de que los demás no le cubran sus Necesidades Emocionales (cuando es responsabilidad suya, en verdad). Otras veces lloran a los demás por su falta de recursos o dinero haciéndose los pobres.

Modo Imaginador Vacilante: Como en un cuento de hadas, este modo edulcora con fantasía las carencias de la realidad de la persona, fantaseando con amores que no son reales, con parejas imaginarias, con el éxito, viajes, o el poder, pero a la hora de la verdad, la persona no da el paso por satisfacer esas aspiraciones. A veces incluso malinterpreta las intenciones de los demás tomando como amoroso lo que no lo es, un simple mensaje en Tinder o Grinder se interpreta ya como que esa mujer o ese hombre va a ser el amor de su vida. Desde la perspectiva afectivo-sexual, la persona anhela el padre o la madre que nunca tuvo en el amor, y una fiera salvaje en la cama. Coloquialmente a este Modo se le llama “dailydreaming” o soñar despierto.

Modo Predicador Moral: Posiblemente pienses en un cura en el momento en que escuches este término, pero no siempre es así, estamos rodeados de “maestros liendres que de todo saben y de nada entienden” que “consejitos vende, pero para ellos no tienen”. Estas personas “arregla-vidas” les dicen a los demás lo que tienen que hacer sin tener en cuenta sus necesidades, apelando a como se suponen que se comportan los hombres de verdad, las buenas madres, los estudiantes aplicados, etc. Cada vez que el mundo no va como a ellos les gusta, inundan las redes de comentarios moralistas de cómo se supone que “se arregla el mundo” o cómo “deberían ser las cosas.” También se hacen los mártires que lo han dado todo por los demás a costa de su felicidad, echándolo luego en cara.
Estos Modos no solo se dan en los trastornos psicológicos, sino que gran parte de la población no clínica también los tiene, el problema es que ninguno de los tres permite cubrir las propias Necesidades. El Modo Victimizado se da sobre todo en el Síndrome de Munchausen.
LOS MODOS DE BURLA
La risa y el vinagre tienen algo en común, aliñan la vida, pero en exceso anulan el sabor de las demás emociones (ingredientes), los Modos de este estilo representan ese muro humorístico que las personas ponemos ante los Esquemas, o los problemas. Ciertamente la risa anula la tristeza, la ansiedad, el miedo o la ira (los Modos Infantiles). Pero no es una risa genuina, es farsear una emoción con una sonrisa o una carcajada de mentira al estilo del Joker. La persona pone una barrera humor entre los Modos Críticos y los Modos Infantiles.
Reírse, burlarse, usar el sarcasmo y tomarse a broma es lo único que le queda a las personas en la vida cuando han pasado años oprimidas, pues a los “salados” todo el mundo los quiere y “se apiadan de ellos.” Un ejemplo de ello en la cultura norteamericana podemos verlo en las películas; los gorditos, los afroamericanos, los latinos, o los gays son siempre los chistosos del grupo. Y los españoles copiamos sus patrones. Estas personas se llevan todo el día haciendo bromas, riéndose de sus propias tonterías, contando chistes (y malos) o mofándose de los demás, del sexo opuesto, de la sociedad, de la política, de la religión u otros temas. Se vuelven los payasetes del grupo, hasta que la gente se cansa de ellos. También hay 3 Modos:

Modo Risa Automática: Basta con estar un rato observando a un par de personas o un grupo, para ver como la risa nerviosa se dispara en situaciones que no dan risa. La famosa expresión “me río por no llorar” retrata este Modo, nos reímos en el momento para neutralizar la vergüenza, o nos ponemos una careta sonriente como la chica de la peli “Smile.” Esta risa se usa para prevenir el malestar de los Esquemas y los Modos críticos, o las reacciones desfavorables de los demás. No es un humor verdadero o hilarante, que tiene más que ver con el Modo Niño Feliz.

Modo Autoburla: Siempre hemos oído que “reírse de uno mismo es sano” ¡Eso es mentira! En verdad, te destrozas la autoestima a la larga, alimentando Esquemas como la Imperfección o el Fracaso. La persona cuenta chistes sobre sus defectos físicos, como la calvicie, la obesidad, sobre su orientación sexual (chistes de gays), sobre su raza (chistes de gitanos), sobre su procedencia (chistes de gallegos o de andaluces), o sobre su personalidad (chistes de tímidos). Otras veces se hace sorna de situaciones dolorosas, como unos cuernos, la muerte de un ser querido, o un accidente de coche. La gente adora a la gente que se burla de sí misma ya que queremos a los que nos hacen reír, pero es una manera de auto traicionarnos y faltarnos el respeto a nuestra persona.

Modo Sarcástico: Con este Modo no solo me refiero a burlarnos de los demás, a pincharles, a atacarlos con sarcasmo, a hacerles bromas pesadas u obscenas, sino también a hacer mofa de cosas que no son divertidas. Las redes sociales están llenas de memes de todas las cosas que desagradan a la gente, es una manera de aliviar el malestar que le generan los esquemas. Ej. Un hombre machista el día 8 de marzo podría hacer memes sobre las mujeres porque se le activan los Esquemas por esto. Igualmente se aplican ante cualquier incidente político, religioso, social, de los famosos, ante noticias de determinados colectivos, etc.
La risa de verdad es sana y tiene más que ver con el humor blanco, no se le falta al respeto a nadie. Puede que cuando te rías de los problemas se hagan más livianos, pero estos no se solucionan.
LOS MODOS DESCUIDADOS
Estos Modos representan a esas conductas donde la persona crea nuevos problemas a partir de los ya existentes. Su manera de atacar no es tan activa y directa como el alfil negro, puesto que el sujeto se encuentra en un ambiente opresivo donde las conductas sobrecompensatorias serían castigadas por las figuras de autoridad, por eso tiene que parecer normal y hacen daño atacando de forma sibilina. Las personas con este estilo, siempre están ensalzados en alguna movida liándola allá donde van. Inventado rumores, confundiendo a la peña, o saboteando a los demás. El caso es que al final los demás pagan el pato de sus imprudencias, pero claro como a ellos no les toca. “¡Opps, perdón, solo ha sido una torpeza!” (Sin querer queriendo). Actúan como los clásicos villanos de las películas de A3 a mediodía del sábado.
Lo peor es cuando estos señores y señoras con este estilo de afrontamiento, llegan a la política y en lugar de ir de frente hacia los problemas de los ciudadanos, inventan leyes nuevas que hacen que todo se vuelva peor, o incluso que el país se enemiste con ellos creando conflictos internacionales. Dicho sea de paso, los comentarios desafortunados hacia los alimentos, hacia las necesidades de la gente, o hacia ciertos colectivos de la oposición, van en la misma línea. Los reality shows de convivencias se nutren de esto, por eso buscan perfiles de personas con este estilo para que discutan y den el espectáculo.
“Mal de muchos, consuelo de tontos”, les consuela que los demás estén tan jodidos como ellos. Desde pequeños era mejor crear nuevos problemas porque es más fácil sentir el control de lo que yo creo, que plantarles cara a los propios Esquemas o las situaciones que los desencadenan. Ej. El clásico familiar que nadie traga porque ventila los trapos sucios de todo el mundo cuando se le activan los Esquemas de Abandono o de Privación Emocional. También hay 3 Modos:

Modo Problemático: Cuando la persona está en este Modo, “marujea” sobre otras personas, enemistan a unas personas contra otras inventado rumores o malmetiendo. Trolean a los demás en redes sociales. Hacen comentarios impertinentes y groseros para crear polémicas, como racistas, contra las personas con discapacidad, etc. Lanzan pullitas en las conversaciones, o son “el Grinch” que hace que toda la familia se pelee en las cenas navideñas. Al final se quedan solos y sus esquemas se refuerzan. En México a esta conducta le dicen, “dejar a la víbora chillando” y en España, “meter mierda” o “meter cizaña.”

Modo Desorientador o Mal guía: Seguir los consejos de estas personas implica fracaso seguro, falsean los datos de sus CV, ocupan puestos para los que no están cualificados, dan malos consejos o le dan malas indicaciones adrede a otras personas cuando estas activan sus Esquemas. Ej. Hay personas que sin tener conocimientos de medicina han estado indicando sobre la inutilidad de las vacunas. Otros que se niegan a medicar a sus hijos. Y otras que están en contra de los preservativos. Todos ellos causan más daños en los demás que en sí mismos.

Modo Saboteador u Obstruccionista: De todas las elecciones posibles para arreglar un problema, eligen la peor. Ej. Apagar una vela con aceite. A veces ese sabotaje va hacia otros, como fastidiar a los vecinos ensuciando la ropa del tendedero porque esta persona activa su esquema de Abuso. O introducir un virus en la empresa donde trabaja porque el jefe no le sube el sueldo. Mientras que otras veces la persona se obstruye a sí misma, ahuyentando los clientes, respondiendo mal las preguntas de un examen, o procrastinando oportunidades de crecimiento personal.
Estos Modos se dan especialmente en los trastornos de la personalidad Narcisista, Paranoide, Límite y Antisocial, pero cualquier de los mortales que nos rodean pueden tenerlo también. ¿Quién te cae mal de tu trabajo, de tu clase, de tu familia, o de tu barrio? ¿Es porque identificas alguno de estos patrones?
PARA FINALIZAR UN CROQUIS CON TODOS LOS TÉRMINOS DE LA TERAPIA DE ESQUEMAS.
